Por Pedro Galán Diplomático y politólogo
La diplomacia: es el arte de negociar. Su nombre se debe a la voz latina diploma que significa despacho, bula u otro instrumento autorizado por un soberano.
Llamada por los tratadistas el arte de la negociación esta requiere en sus agentes una especial combinación de ciertas cualidades permanentes que no siempre se encuentran en el político corriente o en un hombre común.
La diplomacia es tan antigua como las relaciones entre los estados independientes. Desde tiempos remotos, los gobiernos acostumbraban enviar representantes a otros países con el fin de tratar problemas de carácter internacional.
Estos funcionarios recibían un diploma para acreditar su cargo ante el gobierno extranjero. Las primeras misiones diplomáticas tenían siempre un fin específico y terminaban una vez concluido el negocio. Lo que distingue a la diplomacia actual es su carácter de permanencia, es decir, la práctica de mantener representantes fijos en un país extranjero.
La diplomacia moderna tuvo su origen en Italia en la época del renacimiento. Ya desde el siglo XIII la República de Venecia había establecido la costumbre de enviar representantes al imperio bizantino con el cual mantenía un rico comercio. Estos, sin embargo no poseían aún el carácter de agente permanente.
No existe acuerdo entre los historiadores sobre cuál país estableció la primera residencia permanente de diplomáticos. Algunos sostienen que fue Benicia y otros que la santa sede. El hecho más comúnmente aceptado es que la primera embajada permanente fue establecida por Francisco Sforza, duque de Milán, en la vecina república de Génova (1456).
La paz de Westfalia, que puso término a la guerra de los 30 años de 1648, dio un gran impulso a la diplomacia moderna. Fue esta la primera gran reunión de representantes de las potencias europeas y surgió la necesidad de establecer reglas específicas para las relaciones diplomáticas.
Las negociaciones para la paz comenzaron en 1642 y las sesiones duraron seis años por falta de acuerdo sobre el protocolo y los privilegios diplomáticos. Aparte no fue hasta el congreso de Viena en 1815 y más tarde en el de Atr Aquisgrán en 1818 donde se establecieron las diversas categorías para distinguir a los representantes diplomáticos. Las cuales se han conservado hasta el presente.







