El amor por las mascotas es infinito y perderlos es un gran dolor. Por eso, la tecnología ha ayudado a que esta situación sea cada vez menos frecuente con la instalación de localizadores y rastreadores. Pero muchos se preguntan si hacerlo tiene riesgos y si su perro o gato tendrá algún problema de salud.
Al necesitar de un procedimiento médico para su instalación es normal tener dudas y por eso traemos una guía para entender cómo funciona este proceso, qué tipos de chips hay y cuáles son los riesgos.
Qué son y cómo funcionan los microchips subcutáneos
El término “chip” suele generar confusión, porque en el uso cotidiano se mezcla la idea del microchip de identificación con la del localizador GPS. Técnicamente, un microchip subcutáneo es un pequeño dispositivo de identificación por radiofrecuencia (RFID).
Tiene el tamaño aproximado de un grano de arroz —entre 11 y 14 milímetros de largo— y se implanta bajo la piel del animal, entre los omóplatos, mediante una aguja especializada.
Este chip no tiene batería, no requiere mantenimiento y su única función es emitir un número de identificación único cuando es escaneado por un lector compatible. Clínicas veterinarias y refugios cuentan con estos escáneres, lo que permite vincular el número del chip con una base de datos de propietarios.
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