La Liga F, la máxima categoría del fútbol femenino en España, ha anunciado una decisión que podría cambiar el rumbo del arbitraje en el deporte: la implementación del VAR (Video Assistant Referee) para la temporada 2025-2026. Sin embargo, esta no es una medida convencional.
La gran novedad radica en su funcionamiento “bajo demanda”, un modelo que ha generado tanto expectativas como un intenso debate en el mundo del fútbol. Esta medida, un claro intento de la Liga F por profesionalizar y modernizar la competición, busca elevar los estándares de justicia y precisión en cada partido, alineándose con las tecnologías deportivas de vanguardia.
El innovador sistema aprobado establece que cada equipo tendrá derecho a solicitar hasta dos revisiones por partido. La mecánica es sencilla pero estratégica: si un equipo solicita el VAR y la decisión arbitral inicial es corregida a su favor, mantendrá su derecho a una nueva revisión.
Por el contrario, si la decisión original se confirma, el equipo perderá una de sus oportunidades. Esta modalidad única pone una presión adicional sobre los cuerpos técnicos, quienes deberán ser muy selectivos y precisos al momento de decidir cuándo usar sus “comodines” tecnológicos. La decisión de solicitar el VAR se convierte en una jugada táctica más, tan importante como un cambio de jugador o una estrategia en el campo.
La implementación de este VAR particular ha polarizado a la comunidad deportiva. Por un lado, los defensores de la medida argumentan que aumentará significativamente la equidad en el juego. Errores graves, como goles en fuera de juego o penaltis mal concedidos, podrían ser corregidos de manera eficiente, lo que reduce la posibilidad de que un resultado sea alterado por un fallo humano.
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Además, se espera que esta modalidad evite las largas interrupciones que a menudo caracterizan al VAR convencional, ya que solo se activará en momentos de verdadera duda y a petición de los equipos. Para la Liga F, esto representa un paso audaz hacia la profesionalización y la credibilidad de la competición, atrayendo más atención y respeto a nivel global.
Por otro lado, los críticos de la medida expresan serias reservas sobre su efectividad y su impacto en el ritmo del juego. La principal preocupación es que el sistema “bajo demanda” no garantice la corrección de todos los errores.
Un equipo podría quedarse sin revisiones en el primer tiempo, dejando sin posibilidad de rectificación un error flagrante en los minutos finales. Esto podría llevar a una situación en la que la justicia dependa de la disponibilidad de una solicitud, y no de la gravedad del error en sí mismo.
El debate también se centra en si esta modalidad podría fragmentar aún más la dinámica de los partidos, con pausas estratégicas para decidir si se pide o no la revisión.
A pesar del debate, la Liga F ha dejado claro que su objetivo principal es seguir evolucionando. La decisión marca un punto de inflexión en su historia, demostrando su compromiso con la innovación y con la mejora continua. Esta medida se une a otras iniciativas que buscan equiparar al fútbol femenino con sus homólogos masculinos, ofreciendo un espectáculo de mayor calidad y un entorno más justo para las jugadoras.
La temporada 2025-2026 será una prueba de fuego para este nuevo sistema, y el mundo del deporte estará atento para ver si el VAR “bajo demanda” se convierte en una herramienta revolucionaria o en un experimento que necesita ajustes.






