viernes, junio 5, 2026

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Todos queremos a Alofoke

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Por: Wendy Chevalier

En la conversación pública dominicana hay un personaje imposible de ignorar: Alofoke. Se le acusa de vulgar, de desvergonzado, de haber degradado la comunicación. En privado, en cenas y cócteles, abundan los juicios que cuestionan su estilo y su falta de “clase”. Sin embargo, la paradoja es evidente: los mismos que lo critican en voz baja, lo buscan en voz alta. Todos quieren estar con Alofoke.

Políticos, empresarios, artistas, popis y no popis. El más admirado y el más irrelevante. Todos, sin excepción, han entendido que su micrófono es el lugar donde se valida la visibilidad. Lo que antes significaba prestigio, hoy lo sustituye la viralidad. El número de vistas pesa más que el currículo. Y en ese juego, Alofoke se ha convertido en referencia obligada.

Lo curioso es que, ante el panorama nacional, Alofoke quizá sea lo más auténtico que tenemos. En una sociedad donde pastores aparecen en orgías, políticos devuelven dinero “por equivocación”, ministros de ayer resultan ser amigos de narcotraficantes, o comunicadoras sociales que hoy predican la moral pasaron por clubes para caballeros, ¿realmente alguien puede hablar de pureza? La sátira no necesita inventarse; la realidad ofrece material suficiente.

De ahí surge la contradicción que nos delata: lo rechazamos en público, pero lo consumimos en privado. Nos indignamos con el “wah-wah-wah”, pero pedimos cita para sonar en su espacio. Lo que se critica con palabras se confirma con acciones. Alofoke, con todo y su irreverencia, no es un accidente: es un espejo incómodo que refleja lo que somos como sociedad.

No se trata de estar a favor ni en contra. Se trata de reconocer que el poder mediático ya no reside en los salones de protocolo ni en las formas tradicionales de comunicar, sino en la crudeza de plataformas que no maquillan lo que la gente consume. Lo cierto es que todos critican, pero todos tocan la puerta. Y quizás ahí, en esa doble moral tan descarada como cotidiana, esté la radiografía más precisa de nuestro tiempo.

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