Por Padre Enerio Vásquez
…..”Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos un solo ser”. Génesis 2:24 y Mateo 19:5-6.
La esencia del concepto de familia está en este versículo bíblico que pone de manifiesto la relación, padre, madre e hijos, algo así como el principio hegeliano de la dialéctica, tesis, antítesis y síntesis, el hombre es la tesis, la mujer la antítesis y los hijos resultates la síntesis, uno complemento del otro fusionado en intimidad tal que de los dos se hace un solo ser y de esa fusión nacen los hijos que son uno con sus padres y distintos a la vez. Por eso el diálogo intrafamiliar es básico para que esa unión se mantenga y se perpectue en el tiempo constituyendo así la sostenibilidad y estabilidad social necesaria para el desarrollo y continuidad de la especie humana y de la sociedad.
La familia lo es todo, afirmó Dominic Toretto, protagonista de la película: Rápidos y Furiosos, pero su grupo no era una familia, no había vínculos de sangre entre ellos, sin dudas estamos frente a la extensión conceptual de familia y ésto lo complica todo. Parece que el gran desafío de la familia tradicional, fundamentadas en principios y valores cristianos es precisamente esta apertura en espiral que concede la idea de familia a todos los grupos con identidades comunes, unidos no por vínculos de sangre, sino por ideologías e intereses. En ese sentido aparecen los diferentes grupos de lesbianas y gays, reclamando su derecho a ser familia sólo por pensar y sentir de igual manera. Ésto, lo trastorna todo. La sociedad y el mundo no están preparados para este nuevo orden. Y claro, no es que antes no existían estas personas, su existencia nos resultaría evidente si leemos el génesis 19, sobre la perversión sexual de Sodoma y Gomorra.
El desafío para los líderes religiosos es enorme. ¿Cómo conciliar la fe, la teología tradicional con la existencia de las comunidades LGBT+ Q? Por un lado, resulta chocante con los principios cristianos y valores culturales y por otro lado, no podemos negar que quienes se identifican con estas perspectivas de géneros y esta concepción de familia ampliada son personas con una dignidad humana que debe ser respetada. ¿Cómo ser coherentes con el respeto universal a la dignidad humana y a nuestros principios cristianos? Es difícil, fijar una postura sin herir sentimientos, sin caer en fundamentalismos religiosos o actitudes fanáticas generadoras de avatares irracionales.
Quizá sea el momento de preguntar por qué se ha perdido el interés por contraer matrimonio religioso, sólo el cinco por ciento de los matrimonios que se realizan en el país son católicos y sólo el cuatro por ciento se efectúan en otras denominaciones cristianas. Los divorcios también están en aumento, se estima que la proporcion es de un divorcio por cada dos matrimonios, lo que sería lo mismo decir un cincuenta por ciento. Estos datos nos invitan a revisar lo que estamos haciendo en favor de nuestras familias, debemos rescatarla y ésto es tarea de todos los estratos sociales, religiosos, políticos (gobierno de turno), sector económico empresarial, medios de comunicación, ministerio de educación, en fin toda la sociedad no ignoremos que cuando un barco se hunde los pasajeros de primera clase y la tripulación corren la misma suerte junto a todos los demás. Es hora de devolver a la familia esa dimensión sagrada que alguna vez tuvo, para que vuelva a ser ese nido de amor, de paz, seguridad, que todos anhelamos y soñamos.







