Beirut.– En su último día de visita al Líbano, el Papa León XIV se trasladó al puerto de Beirut, escenario de la trágica explosión del 4 de agosto de 2020, que dejó más de 240 fallecidos y alrededor de 7.000 heridos.
El Pontífice se detuvo frente a un monumento de mármol que lleva los nombres de las víctimas, donde realizó una oración silenciosa y depositó una corona de flores. Posteriormente, saludó a los sobrevivientes y a familiares de las víctimas, muchos de los cuales portaban fotografías de sus seres queridos fallecidos.
Entre los asistentes se encontraba Nada, quien entregó al Papa un pañuelo con los rostros de más de 245 personas fallecidas, incluyendo a Isaac, un niño de dos años que murió en la explosión. La acción simboliza la búsqueda de justicia y verdad por parte de los familiares, un reclamo constante desde hace cinco años.
Durante la visita, el Papa escuchó a los familiares y les ofreció palabras de consuelo, mientras las autoridades locales, entre ellas la ministra de Asuntos Sociales, Hanine Sayed, y el primer ministro Nawaf Salam, acompañaban la ceremonia. El nuncio apostólico, monseñor Paolo Borgia, también estuvo presente.
Los familiares expresaron que la presencia del Papa les brinda esperanza y refuerza su demanda de justicia y rendición de cuentas por la tragedia que devastó la ciudad. La visita se suma a los gestos de acompañamiento del Vaticano hacia los afectados por la explosión, cinco años después del siniestro que marcó la historia reciente de Beirut.











