Al finalizar el año, abandonar el cigarrillo suele encabezar la lista de propósitos personales. Sin embargo, pese al deseo de cambio, dejar de fumar continúa siendo uno de los mayores desafíos de salud pública y un objetivo difícil de alcanzar sin acompañamiento profesional. La razón es clara: la adicción al tabaco no responde solo a la fuerza de voluntad, sino a un entramado complejo de factores biológicos, psicológicos y sociales.
Una adicción que actúa en múltiples niveles
“La adicción al tabaco involucra componentes farmacológicos, psicológicos y conductuales”, explicó a Infobae Sebastián Baquero (MN 101.611), médico especialista en Neumonología y director médico de Grupo Omint. La nicotina principal componente adictivo del tabaco actúa sobre receptores del cerebro que liberan dopamina y generan sensaciones de placer y recompensa. Con el tiempo, el organismo desarrolla tolerancia y demanda mayores dosis.
Pero la dependencia no se limita a lo biológico. Según Baquero, el cigarrillo se integra a rituales cotidianos el café, la pausa laboral, el manejo del estrés y se ve reforzado por el entorno. “La exposición a fumadores y la disponibilidad del producto influyen en el inicio y mantenimiento del hábito”, sostuvo.
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El licenciado en Psicología Matías Sánchez Sanda (MN 75.283), del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO, coincidió: “Las adicciones son una enfermedad crónica que afecta el sistema de recompensa. El fumador enfrenta dependencia química, psicológica y social”. Y subrayó un factor cultural clave: la fuerte normalización del cigarrillo.
Para el cardiólogo Francisco Toscano (MN 95358), el inicio del hábito suele ser social: “Nadie nace con un cigarrillo en la mano. Todos empezaron porque lo vieron en otra persona”.
Estrategias que sí funcionan
Los especialistas consultados coinciden en que la combinación de herramientas terapéuticas aumenta significativamente las tasas de éxito. Entre las intervenciones recomendadas se destacan:
1. Terapia de reemplazo de nicotina (TRN)
Incluye parches, chicles, pastillas e inhaladores. “Proporciona nicotina sin los miles de químicos tóxicos del cigarrillo y aumenta las tasas de abandono entre un 50% y 70%”, afirmó Baquero. Toscano agregó que su uso adecuado ayuda a controlar ansiedad y palpitaciones.
2. Fármacos no nicotínicos
La vareniclina y el bupropión actúan sobre vías neurológicas que reducen la abstinencia. “La vareniclina es el fármaco más efectivo”, indicó Baquero. Para Sánchez Sanda, estos tratamientos permiten “reducir síntomas y facilitar el proceso psicológico”.
3. Terapia cognitivo-conductual
Trabaja sobre pensamientos, emociones y conductas vinculadas al consumo, con técnicas como entrevista motivacional, habilidades de afrontamiento y prevención de recaídas.
4. Actividad física y hábitos saludables
El ejercicio libera endorfinas, reduce ansiedad y mejora el estado de ánimo. También se recomienda regular el consumo de cafeína, evitar azúcares en exceso y priorizar un sueño adecuado.
5. Evitar métodos no avalados
Toscano advirtió sobre el uso del cigarrillo electrónico: “No tuvo los resultados esperados y generó un nuevo problema: la adicción al vapeo en jóvenes”.
Cómo atravesar la abstinencia
Los expertos señalan que los momentos críticos pueden manejarse con un abordaje integral:
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Uso correcto y constante de TRN o medicación.
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Técnicas conductuales, como las “4 D”: demorar, distraer, beber agua y respirar profundo.
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Identificación de desencadenantes, como estrés, presión social o rutinas asociadas al cigarrillo.
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Técnicas de relajación, meditación, respiración guiada y duchas de agua fría.
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Red de apoyo, tanto profesional como emocional.
El rol decisivo de la motivación y el entorno
“La decisión de dejar de fumar es central. Sin ella, ningún método va a ayudar”, enfatizó Toscano.
Sánchez Sanda agregó que la motivación dirige el comportamiento hacia la meta y debe fortalecerse durante el tratamiento.
El acompañamiento social también es determinante. Baquero recomendó que familiares y amigos “sean empáticos, no presionen, y ofrezcan apoyo constante”, además de colaborar en crear espacios libres de humo.
Recaídas: un paso dentro del proceso
La recaída no significa fracaso. “Es una oportunidad para aprender y ajustar la estrategia”, aseguró Baquero. Los expertos recomiendan no abandonar el tratamiento, identificar los factores que la desencadenaron y retomar el camino.
Sánchez Sanda destacó que forma parte natural del proceso de cambio. Y Toscano lo resumió con un enfoque compasivo: “Si el paciente está comprometido, hay que apoyarlo. Borrón y cuenta nueva”.
“No es un fracaso, es una lección”, concluyó Baquero. “Cada día sin fumar cuenta. Tenés la capacidad de lograrlo. No te rindas. El destino una vida libre de humo vale la pena”.







