P. Enerio Vásquez.
Para los dominicanos la navidad es un tiempo especial, desde octubre los corazones se encienden y el ánimo colectivo se activa porque llega la brisita que lo cambia todo.
El sincretismo cultural se manifiesta en todo lo que hacemos y la brisa fresca nos inspira para dar a la casa un toque de pintura y si el dinero no alcanza entonces una limpieza profunda. Luces aunque no sean nuevas, músicas y villancicos en las emisoras de radios muy viejas pero, para este tiempo siguen siendo nuevas, jóvenes con tamboras y güiros se encargan del ambiente en calles y parques.
Hace unos años la pregunta obligada siempre fue. ¿Qué estrenaremos en nochebuena, ahora lo más inquietante es qué comeremos en la cena?
Con cerdos asados a seiscientos y setecientos pesos la libra, pollos escasos y pequeñitos y por demás caros, cien pesos o más por libra.
La alegria se vuelve angustia, caminar por los pasillos de un supermercado es cosa de magos, un acto de malabarismo. Cómo alegrarse cuando las cuentas no cuadran con el bolsillo?
Los jengibres, intercambios de regalos, fiestas y reuniones familiares van y vienen, a pesar de los pesares, hasta el hermano o primo descarriado aparece en nochebuena.
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Juanita vuelve del extranjero y baila con el vecino al ritmo de merengue con Mily Quezada. No falta un trago de ponche y un sorbo de vino, los más adultos no se pierden la misa del gallo y el cura repite las mismas lecturas del año pasado.
Esta navidad no sólo sopla con brisa fresca propia de estos tiempos, también ha habido tormentas provocadas por las élites de poder y el Estado, robos de Miles de millones a SENASA, una vice presidenta que avergüenza a las mujeres, peligro y temor en el Ban Reservas y el Bagricola, por éso, aunque el gobierno regale sus bonos (a lo que llama ( brisita navideña) y otros regalitos, estos no serán más que una burla frente a las gigantescas estafas y robos de sus funcionarios a los más pobres y vulnerables hijos de este pueblo.
Cómo sacerdote debo decir a los ciudadanos dominicanos que se armen de sensatez y sean aún más creativos frente a tanta desfachatez y arrogancia de los ministros y funcionarios del gobierno. No sé dejen robar los motivos. No permitan que se rompa la alegría, es hora de rescatar el auténtico sentido de este tiempo, el nacimiento de nuestra esperanza, el nacimiento del hijo de José y María, Jesús de Nazareth. Volvamos a la unidad, a la solidaridad, es tiempo de compartir, de realizar una vez más el milagro de la multiplicación del pan y la conversión del agua en vino, os invito a celebrar una cena de traje, rescatemos la cultura del convite y el popular cerrucho, que no se rompa la alegría a pesar de que las cuentas no den y el dinero no llegue.
Eso sí, no olvidemos que a nuestros políticos desalmados, ladrones y verdugos hay que darles una lección heroica proporcional a sus actos de traicion a la Patria.






