Berlín / París.- El año 2025 confirma la fragilidad de las dos principales economías europeas, aunque por motivos distintos: Alemania intenta superar dos años de recesión mediante inversiones en infraestructuras y defensa, mientras Francia enfrenta una inestabilidad política que dificulta tomar decisiones clave.
Pese a estos desafíos, el Banco Central Europeo (BCE) elevó ligeramente su previsión de crecimiento de la eurozona, al 1,4 % para 2025 y 1,2 % para 2026. Sin embargo, los expertos advierten que el repunte alemán se debe principalmente a estímulos temporales y no a mejoras estructurales, mientras que Francia sigue lidiando con un déficit público elevado y negociaciones políticas que retrasan la aprobación del presupuesto.
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En Alemania, los institutos económicos alertan sobre problemas estructurales como la lenta adaptación industrial a la descarbonización y la digitalización, la burocracia excesiva y el retraso en áreas estratégicas como la Inteligencia Artificial.
En Francia, la falta de consenso político afecta la reducción del déficit y el control de la deuda, que alcanzó el 117,4 % del PIB en el tercer trimestre. Pese a ello, los indicadores muestran cierta resiliencia económica, con un crecimiento estimado del 0,9 % en 2025 y por encima del 1 % en 2026.
El panorama refleja que, mientras Alemania y Francia continúan siendo las locomotoras de la economía europea, sus problemas internos limitan su capacidad de impulsar un crecimiento sostenido en la eurozona.







