Japón puso fin este miércoles a un impuesto provisional a la gasolina, vigente desde 1974, que originalmente se adoptó para financiar el desarrollo de carreteras. La medida forma parte de un paquete destinado a aliviar los efectos de la inflación y, junto con la eliminación de un impuesto similar al diésel en 2026, se estima que reducirá los ingresos públicos en unos 3.825 millones de dólares anuales.
La abolición del gravamen se produjo tras la aprobación unánime en la Cámara Baja del Parlamento japonés a finales de noviembre. El impuesto a la gasolina se situaba actualmente en 25,1 yenes por litro (unos 16 centavos de dólar), y el gravamen al diésel será eliminado a partir del 1 de abril de 2026.
Para mitigar fluctuaciones en los precios tras la eliminación del impuesto, el Gobierno ha incrementado los subsidios a las refinerías, logrando que los precios del combustible bajen durante siete semanas consecutivas hasta situarse en 160 yenes por litro (unos 1,02 dólares).
La primera ministra, Sanae Takaichi, respaldó la medida como parte de su paquete de estímulos económicos para reducir el impacto de la inflación sobre los hogares, que enfrentan un aumento promedio de precios del 3 % en los últimos meses en un contexto de estancamiento salarial.
El Gobierno japonés contempla fuentes alternativas de ingresos para compensar la pérdida derivada de la eliminación de los impuestos a los combustibles, que totaliza unos 1,5 billones de yenes anuales.











