domingo, mayo 31, 2026

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Réplica al escrito titulado: “Conozca los faraones de los partidos pymes” calzado con la firma de Carlos Osi Pérez

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Por Elías Wessin

A simple inspección no estamos frente a un análisis serio del sistema de partidos, más bien es un panfleto construido con imprecisiones históricas y generalizaciones interesadas.

Trata de desacreditar selectivamente a organizaciones que no encajan en el duopolio tradicional.

Pretende presentarse como una denuncia contra la falta de democracia interna en organizaciones minoritarias.

Sin embargo, en el caso del Partido Quisqueyano Demócrata Cristiano (PQDC) (extensivo a otros de los partidos mencionados que se han forjado en la lucha desigual del sistema y cuentan con una impronta positiva y patriótica como son el PDI y la FNP para poner solo dos ejemplos, pues hay mas), el autor incurre en errores fácticos, omisiones históricas y juicios prejuiciados que invalidan su credibilidad.

Primero, la base de su acusación es falsa. El General Elías Wessin y Wessin no presidió el partido de manera continua hasta su fallecimiento, como se afirma. En 1988 regresó al servicio militar como Ministro de las Fuerzas Armadas, y durante ese período la presidencia del partido fue asumida por el Lic. Pedro Bergés. Es decir, hubo relevo institucional, contrario al relato de “mando vitalicio” que se intenta fabricar.

Segundo, el PQDC no nació como un “partido pyme” para vivir del financiamiento estatal, porque existió y compitió durante treinta años antes de que existiera la subvención pública (1967-1997).

Se sostuvo contra viento y marea con militancia, estructura territorial y trabajo político real. Un partido que sobrevive tres décadas sin fondos estatales difícilmente puede ser acusado de haber sido creado para lucrarse de ellos.

Tercero, reducir al PQDC a un “club familiar” ignora su peso histórico comprobable. Ha participado solo (sin alianzas) en procesos como 1970, 1982, 2002 y 2016, y cuando ha pactado, su caudal electoral ha sido decisivo. Basta recordar:

1974: Acuerdo de Santiago, que de haber participado en un ambiente electoral transparente, sin duda, era una coalición triunfante, donde sectores enfrentados en 1965 se reconciliaron.

1986 y 1990: aporte numérico clave al triunfo del PRSC y Balaguer.

2008 y 2012: participación determinante en las victorias del PLD.

Eso no lo hace un cascarón vacío; lo hace una fuerza con incidencia real.

Cuarto, el calificativo “partidos pymes” no es análisis, es desdén. Busca estigmatizar a las organizaciones intermedias para justificar una peligrosa idea, reducir el pluralismo político y concentrar el poder en pocas siglas dominantes.

Esa lógica no fortalece la democracia; la empobrece. La historia latinoamericana demuestra que cuando se estrecha el espectro partidario, crecen el clientelismo, la captura del Estado y la falta de representación. La Venezuela de Hugo Chávez es el mejor ejemplo. Adecos y Copei se turnaban al estilo “quítate tu pa’ ponerme yo”. Ya conocemos lo que pasó.

Paradójicamente, quienes acusan a otros de “faraones” terminan promoviendo un sistema donde solo sobreviven los grandes aparatos financiados por el poder económico antipatriota y mediático.

Finalmente, afirmar que el PQDC carece de ideales es desconocer décadas de coherencia doctrinaria demócrata-crisitiana, defensa de la institucionalidad, del orden constitucional, de la economía social de mercado y de la libertad política. Se puede discrepar de esa visión, pero negarla es injusto.

La crítica es válida cuando se fundamenta en datos. Cuando se apoya en distorsiones, se convierte en diatriba. Esa propaganda no desmonta al PQDC, solo revela el temor de quienes preferirían una democracia sin voces independientes.

X https://x.com/i/status/2021622797340938524

X https://x.com/i/status/2021529702834581875

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