La fibra dietética se consolida como uno de los pilares fundamentales para mantener una buena salud intestinal y favorecer el bienestar general. Especialistas destacan que su consumo adecuado contribuye a mejorar el tránsito digestivo, fortalecer la microbiota y prevenir molestias como el estreñimiento.
De acuerdo con expertos en nutrición, la fibra se divide en dos tipos principales: soluble e insoluble. La fibra soluble, presente en frutas, avena y legumbres, ayuda a regular los niveles de colesterol y glucosa en sangre, además de formar un gel que facilita el tránsito intestinal. Por su parte, la fibra insoluble, abundante en cereales integrales, semillas y vegetales de hoja verde, incrementa el volumen de las heces y acelera su paso por el intestino.
Uno de los beneficios más destacados es su impacto positivo en la microbiota intestinal. Al llegar al colon, la fibra es fermentada por bacterias beneficiosas que producen ácidos grasos de cadena corta, compuestos que fortalecen la barrera intestinal y reducen la inflamación.
Los especialistas recomiendan un consumo diario de entre 25 y 35 gramos de fibra en adultos, incorporándola de forma gradual y acompañándola de suficiente hidratación para evitar molestias como gases o hinchazón.
Para aumentar su ingesta, sugieren priorizar alimentos integrales, incluir frutas y verduras en cada comida, consumir legumbres varias veces por semana y optar por frutos secos y semillas como colaciones. Estas acciones, combinadas con hábitos saludables, permiten mejorar la digestión y promover un equilibrio intestinal duradero.











