El análisis posiciona a Perú, México, Argentina, Brasil y Colombia como los países con mayor actividad de software malicioso, destacando no solo el volumen de ataques, sino también la similitud en las técnicas utilizadas, lo que sugiere la posible coordinación entre grupos criminales o la distribución sistemática de herramientas de ataque en la región.

Un patrón común en toda la región
Aunque cada país presenta particularidades, los expertos identificaron patrones repetitivos en las campañas de cibercrimen. Entre ellos, destaca el uso de malware tipo downloader como Rugmi, que funciona como una puerta de entrada para ataques más complejos.
Este tipo de software malicioso no actúa de inmediato, sino que analiza primero el entorno del sistema infectado para luego desplegar otras amenazas más específicas, lo que complica su detección y respuesta por parte de los equipos de seguridad.
Además, el informe resalta la alta presencia de campañas de phishing fraudes digitales que buscan engañar al usuario mediante archivos PDF o páginas web falsas, que continúan siendo una de las principales vías de infección.

Los países más afectados
Perú lidera el ranking regional, con un crecimiento progresivo de amenazas que, en algunos casos, sirven como base para expandir ataques hacia otros países.
México ocupa el segundo lugar, con un fuerte aumento de campañas de ransomware y phishing, muchas de ellas apoyadas en técnicas de ingeniería social.
En Argentina, los ataques han crecido especialmente en sectores sensibles como la salud y las instituciones públicas, mientras que Brasil destaca por el impacto de los troyanos bancarios, diseñados para robar información financiera.
Por su parte, Colombia ha experimentado un incremento en ataques dirigidos a organizaciones, con énfasis en la explotación de vulnerabilidades conocidas.

Cómo operan los ciberdelincuentes
El malware puede ingresar a los dispositivos a través de correos electrónicos fraudulentos, enlaces maliciosos o descargas de software no confiable. Una vez dentro, puede actuar de forma silenciosa, robando datos personales, credenciales bancarias o incluso tomando el control del sistema.
En algunos casos, estos programas tienen la capacidad de propagarse dentro de una red, afectando múltiples dispositivos y ampliando el alcance del ataque.
También pueden instalar “puertas traseras” que permiten a los atacantes acceder de forma remota al equipo comprometido, o bloquear archivos para exigir un rescate económico, como ocurre con el ransomware.

Recomendaciones para protegerse
Ante este panorama, los expertos recomiendan adoptar medidas básicas pero efectivas, como mantener los sistemas actualizados, utilizar antivirus confiables, evitar hacer clic en enlaces sospechosos y capacitar a los usuarios sobre riesgos digitales.
Asimismo, subrayan la importancia de fortalecer la cooperación regional en materia de ciberseguridad, ya que las amenazas no reconocen fronteras y requieren respuestas coordinadas.
El informe concluye que el crecimiento del malware en América Latina refleja no solo una mayor actividad criminal, sino también la necesidad urgente de mejorar la cultura digital y la preparación ante un entorno cada vez más vulnerable.







