sábado, mayo 2, 2026

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Monseñor Manuel Ruiz: “Los escándalos de corrupción son avisos de que algo anda mal en la sociedad”

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Santo Domingo.-El obispo Manuel Antonio Ruiz de la Rosa afirmó que la ola de escándalos de corrupción que sacude al país debe interpretarse como una señal de un deterioro moral más profundo en la sociedad dominicana. Según explicó, estos casos no son el problema en sí, sino “síntomas” de fallas estructurales en los valores familiares, en la educación y en las oportunidades que reciben los jóvenes.

Durante una entrevista en el programa Matutino Su Mundo, monseñor Ruiz comparó la corrupción con un dolor de cabeza que advierte sobre un mal mayor.

“Cuando te duele la cabeza, el dolor es una señal de que algo anda mal. Así mismo, estos escándalos de corrupción son avisos de que en las raíces de la sociedad está faltando algo.”

Sobre caso Senasa

Sobre el caso Senasa, monseñor recordó que en su momento advirtió la necesidad de mayores controles internos. “Es una de las cosas que yo sugiero. No sé si recuerdan cuando estaba el tema del caso Senasa. Una de las opiniones que di fue que el Estado, el gobierno, debería tener un equipo de contrainteligencia para dar seguimiento a ese tipo de situaciones”, señaló.

Asimismo, el obispo afirmó que lo ocurrido recientemente con el Ministerio Público es un ejemplo evidente de esa necesidad. “Señores, si usted es una persona que no tiene un callo en la mano y gana 150,000 pesos, ese salario no le da para sostener cierto estilo de vida”, expresó.

Monseñor advirtió que no se requiere ser un experto para identificar señales de alerta. “No hay que ser de la NASA para darse cuenta cuando alguien muestra indicios claros: anda en un vehículo que no puede comprar, dejó a su esposa e hijos y se mudó a un penthouse con otra persona”, apuntó.

En ese sentido, insistió en que a quienes manejan información sensible se les debe dar seguimiento, no como forma de persecución, sino de prevención. “El riesgo existe, y el Estado debe anticiparse con mecanismos de control e inteligencia adecuados para evitar vulneraciones”, concluyó.

Llamado a volver a la familia y a los valores

El obispo señaló que, en generaciones pasadas, la palabra de una persona era suficiente para honrar un compromiso. Recordó que su propio padre rechazó ofertas más altas por un producto porque ya había dado su palabra a otra persona.

“Volvamos a la familia. Una lucha contra la corrupción no se logra solo con titulares en los medios. Hay que volver al hogar y a la escuela.”

Aseguró que muchos niños crecen rodeados de malos ejemplos y de un sentido distorsionado del éxito, lo que influye en su formación moral.

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Impunidad y desigualdad como escuela social

Ruiz advirtió que la corrupción también se alimenta de la percepción de impunidad:
los jóvenes observan que quienes tienen poder económico cometen irregularidades sin consecuencias, mientras que otros, aún con estudios y méritos, no logran oportunidades dignas.

“Un muchacho ve que quien tiene dinero vive bien sin estudiar, mientras otro con maestría está manejando Uber. Esa es su escuela.”

Criticó además la desigualdad de criterios en procesos como las solicitudes de visa, donde se favorece a quienes demuestran riquezas, mientras que a los pobres se les descarta de inmediato.

“La vida no es lotería”: cuestiona la proliferación de bancas de apuestas

El religioso denunció la gran cantidad de bancas de lotería en las calles, muchas veces más numerosas que las iglesias, y señaló que envían un mensaje equivocado a la juventud.

“Es una falsa venta de que la vida es una lotería. No, hay que estudiar, hay que trabajar, hay que subir desde abajo.”

Enfatizó que la búsqueda de dinero fácil contribuye al desenfoque social y a la normalización de prácticas ilícitas.

El combate a la corrupción requiere más que discurso

Monseñor Ruiz afirmó que, aunque la Iglesia predique valores, estos esfuerzos resultan insuficientes si la sociedad en su conjunto medios, redes sociales, instituciones y familias sigue reproduciendo modelos de “cosas mal hechas”.

“Si en YouTube, en la televisión y en las calles los jóvenes reciben un entrenamiento permanente en lo incorrecto, poco importa lo que prediquemos.”

Concluyó que la lucha contra la corrupción debe comenzar por una transformación cultural y educativa profunda que devuelva centralidad a la familia, la integridad y el trabajo honesto.

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