Santo Domingo.— El Viernes Santo, una de las fechas más significativas del calendario cristiano, conmemora la pasión y muerte en la cruz de Jesús de Nazaret, como parte del Triduo Pascual que culmina con la celebración de la resurrección.
Esta jornada representa para los fieles un día de profundo reconocimiento, luto y penitencia, en el que se recuerda el sacrificio de Jesucristo, considerado por la tradición cristiana como un acto de redención por la humanidad.
De acuerdo con las escrituras bíblicas, durante el Viernes Santo se desarrollan algunos de los episodios más trascendentales del cristianismo. Entre ellos, la traición de Judas Iscariote, la detención de Jesús y su posterior juicio ante Poncio Pilato , prefecto de Judea, quien, pese a no encontrar culpa en él, ocurrió ante la presión de líderes religiosos que exigían su condena.
En ese contexto, la multitud optó por la liberación de Barrabás, mientras que Jesús fue sentenciado a morir en la cruz. Según la tradición, Pilato se lavó las manos como símbolo de desvinculación de la decisión.
El relato continúa con el camino de Jesús hacia el Gólgota, donde fue sometido a humillaciones, azotes y obligado a cargar su cruz, portando una corona de espinas. Finalmente, fue crucificado junto a dos ladrones, conocidos en los evangelios como Dimas y Gestas.
Para la comunidad cristiana, el Viernes Santo es un momento de introspección espiritual. Es común la práctica del ayuno, la abstinencia, el rezo del Santo Rosario y la participación en actos litúrgicos y procesiones que recuerdan estos acontecimientos.
La fecha invita a la reflexión sobre la vida, enseñanzas y legado de Jesucristo, así como a fortalecer valores como la fe, el sacrificio y la solidaridad.







