Personas interesadas en reducir el consumo de carne encuentran en el enfoque flexitariano una alternativa que promueve frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas, relegando a un segundo plano los productos cárnicos y otros alimentos de origen animal. La tendencia responde a la preocupación por modificar hábitos con el fin de mejorar la salud pública y reducir el impacto ambiental, un objetivo central de la Comisión EAT-Lancet, que propone la “Dieta de Salud Planetaria” como el modelo a seguir para 2026.
Según el portal especializado Cuidate Plus, “la dieta basada en plantas se compone de dos tercios de alimentos vegetales y solo un tercio proviene de productos animales”, indicó Ian Rowland, profesor del Departamento de Ciencias de la Alimentación y Nutrición de la Universidad de Reading.
Rowland subrayó que el modelo flexitariano es el que más incrementó su popularidad en Europa, ya que conserva una base vegetal mientras admite carne, pescado o lácteos de forma ocasional. Este patrón incluye variantes como el veganismo, el lacto-vegetarianismo y el pescetarianismo, todas con distintos niveles de restricción.
Qué es la dieta flexitariana
Especialistas advierten que aumentar la proporción de vegetales en la dieta no implica menor variedad de sabores. Rowland explicó que “hay toda una variedad de alimentos que se pueden incorporar a una dieta flexitariana”, tales como legumbres, cereales integrales, verduras, frutas, frutos secos, semillas y alternativas vegetales para leche y yogures. La dieta mediterránea se menciona como un ejemplo reconocido de modelo flexitariano, por su predominio de productos frescos y un consumo moderado de carne y pescado.
Las investigaciones de la Comisión EAT-Lancet muestran que este patrón puede adaptarse a diversas edades y estilos de vida, siempre que la selección de alimentos garantice la ingesta adecuada de nutrientes críticos. El modelo no busca la restricción absoluta, sino una redistribución de las proporciones para favorecer la longevidad y la salud sistémica.
Recomendaciones para una transición saludable
La transición hacia el modelo flexitariano exige información estructurada y planificación para cubrir los nutrientes esenciales. El portal citado sostiene que “las dietas basadas en plantas son generalmente mejores para la salud y para el medio ambiente”, según pruebas científicas reveladas en un encuentro de expertos en nutrición en París. Los especialistas remarcan la necesidad de que las políticas públicas acompañen el cambio hacia patrones alimentarios más integrales, con abundancia de alimentos variados y ricos en nutrientes.
En Europa, la población enfrentó desafíos en la adecuación a las guías nutricionales respecto al consumo de alimentos saludables. Rowland recomendó la fortificación de productos vegetales, como bebidas y yogures a base de plantas, para prevenir posibles deficiencias. El proceso de enriquecimiento añade nutrientes esenciales a los alimentos y contribuye a disminuir carencias en la población.
La planificación consciente también requiere rotar diversas fuentes de proteínas vegetales, emplear aceites saludables como el de oliva virgen extra e incorporar una amplia gama de frutas y verduras de temporada. Los cambios paulatinos favorecen que el organismo se adapte a nuevas combinaciones y perfiles de sabor, permitiendo la adherencia en el tiempo.
Nutrientes clave y fortificación de alimentos

Al seguir una dieta flexitariana o basada en plantas, resulta clave cuidar la ingesta de cinco nutrientes esenciales (calcio, vitaminas D, E y A, y vitamina B12). Se recomiendan la suplementación y la fortificación de alimentos vegetales, especialmente si la reducción de productos animales es drástica. Según las directrices de la Comisión EAT-Lancet, la revisión del etiquetado y la información nutricional facilita la elección de productos enriquecidos que aportan beneficios a la salud ósea, cardiovascular y metabólica.
La atención especial recae en la vitamina B12, de presencia mayoritaria en alimentos de origen animal. Quienes siguen una alimentación casi vegetariana o completamente vegetal deben recurrir a suplementos o a alimentos fortificados para evitar deficiencias. Tanto el calcio como la vitamina D, esenciales para la salud ósea, también pueden obtenerse a través de opciones enriquecidas y mediante la exposición solar controlada.
La ingesta regular de cereales integrales, legumbres, frutos secos y semillas garantiza proteínas, fibra y grasas saludables. Mantener la variedad en la alimentación ayuda a preservar la energía, la saciedad y el funcionamiento óptimo del cuerpo. Rowland aconseja la consulta con profesionales en nutrición para personalizar las pautas según requerimientos individuales, sobre todo en etapas de crecimiento, embarazo o condiciones de salud particulares.
Beneficios y retos de una dieta más vegetal
Disminuir el consumo de carne y aumentar los alimentos vegetales se asocia a ventajas para la salud y el medio ambiente. Estudios recientes vinculan estos hábitos con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes tipo 2. Además, la producción agrícola requiere menos recursos y causa menor impacto ambiental que la ganadería intensiva.
Las estrategias de salud pública en la actualidad se orientan a facilitar el acceso a dietas que, según el consenso de la Comisión EAT-Lancet, logren un equilibrio entre la nutrición humana y la preservación de los límites ambientales del planeta.











