Cuando la presión permanece elevada durante mucho tiempo, el corazón necesita hacer más fuerza para empujar la sangre hacia todo el cuerpo. Ese esfuerzo constante desgasta las arterias y aumenta el riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia cardíaca y daño renal.
El hallazgo despertó interés porque se trata de una alternativa simple, económica y bien tolerada. Aunque los especialistas remarcan que no reemplaza a los tratamientos médicos tradicionales, consideran que podría transformarse en una estrategia
Por qué la hipertensión preocupa tanto a los médicos
La hipertensión ocurre cuando la sangre circula con más presión de la que las arterias pueden soportar de manera saludable. Con el tiempo, esa tensión permanente deteriora los vasos sanguíneos y obliga al corazón a trabajar de forma más exigente.
La presión arterial se expresa con dos números. El primero, llamado presión sistólica, mide la fuerza con la que el corazón bombea sangre al contraerse. El segundo, conocido como presión diastólica, indica la fuerza que permanece en las arterias entre un latido y otro, cuando el corazón se relaja.
En personas sanas, ambos valores se mantienen dentro de ciertos rangos. Cuando empiezan a elevarse de forma persistente, el riesgo cardiovascular crece progresivamente, incluso aunque todavía no aparezcan síntomas.

Eso es justamente lo que ocurre en la prehipertensión y en la hipertensión estadio 1, las formas más tempranas del trastorno. Muchas veces el problema todavía puede controlarse con cambios en el estilo de vida, como mejorar la alimentación, reducir el sedentarismo, bajar el consumo de sal o controlar el estrés.
En los últimos años, distintos equipos científicos comenzaron a investigar si algunos compuestos naturales también podrían colaborar en esa etapa inicial.
Cómo se realizó el estudio con aceite esencial de menta
El ensayo fue dirigido por el doctor Jonathan Sinclair en la ciudad inglesa de Preston. Participaron 40 adultos de entre 18 y 65 años que presentaban presión arterial levemente elevada y que no utilizaban medicamentos antihipertensivos.
Los investigadores excluyeron a personas con enfermedades cardiovasculares importantes, trastornos graves u otras afecciones que pudieran alterar los resultados.
Los participantes fueron divididos aleatoriamente en dos grupos. Uno recibió aceite esencial de menta diluido en agua dos veces por día. El otro consumió una bebida con sabor similar, pero sin los compuestos activos de la menta.

Ni los voluntarios ni el personal que administraba el tratamiento sabían quién pertenecía a cada grupo. Ese método, conocido como “doble ciego”, se utiliza para evitar que expectativas personales influyan sobre los resultados finales.
El seguimiento duró 20 días. Durante ese período, los investigadores controlaron la dieta de los participantes y evitaron que utilizaran suplementos externos que pudieran interferir con el estudio. Además de medir la presión arterial, el equipo realizó análisis de sangre, controles de frecuencia cardíaca, evaluaciones corporales y cuestionarios vinculados con bienestar general y calidad del sueño.
Qué cambios encontraron después de 20 días
Los participantes que recibieron aceite esencial de menta mostraron una reducción significativa de la presión arterial frente al grupo placebo, que prácticamente no registró cambios. La disminución promedio fue de 8,5 mmHg en la presión sistólica, el valor más utilizado para evaluar riesgo cardiovascular.
Para entender la magnitud del cambio, los participantes comenzaron el estudio con valores cercanos a 130 mmHg, un rango que actualmente ya se considera hipertensión leve o “presión elevada”. Después de la suplementación, el promedio descendió a alrededor de 122 mmHg, mucho más cerca de los niveles considerados normales.

Ese dato llamó la atención de los investigadores porque la presión sistólica es uno de los principales indicadores utilizados para estimar riesgo cardiovascular futuro.
La presión diastólica también disminuyó. En promedio, cayó 4,6 mmHg más que en el grupo control. A su vez, los participantes que consumieron aceite de menta registraron una reducción cercana a 9 latidos por minuto en la frecuencia cardíaca en reposo.
La frecuencia cardíaca refleja cuántas veces late el corazón por minuto. Cuando permanece elevada de manera sostenida, el sistema cardiovascular trabaja bajo una carga mayor. Por eso, una disminución moderada puede interpretarse como una señal favorable. En cambio, el grupo placebo prácticamente no mostró modificaciones relevantes.
Cómo podría actuar la menta dentro del organismo
Los científicos creen que el principal responsable de estos efectos sería el mentol, uno de los compuestos más característicos de la menta.
El mentol produce la sensación refrescante típica de caramelos, chicles o pastas dentales, pero también parece generar efectos sobre los vasos sanguíneos.

Según plantea el estudio, este compuesto podría ayudar a que las arterias se relajen y se vuelvan más flexibles. Cuando eso ocurre, la sangre puede circular con menor resistencia y la presión arterial disminuye.
El mecanismo involucraría la activación de unos receptores llamados TRPM8 y un aumento en la producción de óxido nítrico.
Aunque esos nombres suenen complejos, el proceso puede entenderse de forma sencilla. El óxido nítrico funciona como una señal química que ayuda a relajar las paredes de las arterias. Algo parecido a lo que ocurre cuando una manguera rígida se afloja un poco y permite que el agua fluya con mayor facilidad.
Los investigadores consideran que ese efecto podría explicar parte de la mejora observada en los participantes.
Límites y precauciones

El estudio también mostró buenos niveles de tolerancia. La mayoría de los participantes completó el tratamiento y los efectos adversos fueron mínimos. Solo se reportó una molestia leve relacionada con el sabor intenso de la menta.
Sin embargo, los autores remarcaron que los resultados deben interpretarse con cautela. El ensayo fue pequeño, duró apenas 20 días y no incluyó personas con hipertensión más avanzada ni pacientes con enfermedades cardiovasculares importantes.
Tampoco permite saber si los beneficios se mantienen a largo plazo. Por eso, el equipo de investigación insiste en que el aceite esencial de menta no debe reemplazar tratamientos médicos indicados por profesionales. En casos moderados o severos, los medicamentos antihipertensivos siguen siendo fundamentales para reducir riesgos graves.
Aun así, los resultados abren una línea de investigación interesante. Si futuros estudios confirman estos efectos en poblaciones más amplias, la menta podría transformarse en una herramienta complementaria dentro de las estrategias de prevención cardiovascular temprana.






