Ingeniero advierte RD no está preparada para enfrentar un terremoto de gran magnitud

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SANTO DOMINGO.– El ingeniero estructural Andrik Soto advirtió que ningún país está completamente preparado para enfrentar un terremoto de gran magnitud, al analizar la realidad antisísmica de la República Dominicana en la que lamentó que tendríamos muchas bajas de ocurrir un fuerte movimiento telúrico en el país, similar a los daños provocados por los recientes sismos en Venezuela.

Durante una entrevista en el programa El Despertador, Soto explicó que una cosa es contar con normas de construcción y otra muy distinta es que toda la infraestructura existente pueda resistir un evento severo, especialmente si se trata de un doble movimiento sísmico como el registrado en territorio venezolano.

El especialista recordó que República Dominicana cuenta con un Código Sísmico moderno desde 2010, puesto en vigencia en 2011, pero señaló que muchas estructuras levantadas antes de esa fecha deben ser evaluadas por posibles deficiencias frente a terremotos.

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Código sísmico y construcciones antiguas

Soto indicó que las edificaciones construidas entre 1979 y 2010 fueron levantadas bajo criterios anteriores, menos rigurosos que los actuales, por lo que podrían presentar debilidades desde el punto de vista estructural.

También cuestionó la creencia popular de que las obras antiguas, incluidas muchas realizadas durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, son necesariamente seguras frente a un sismo de gran magnitud.

Según explicó, una estructura no solo depende del diseño en planos, sino también de la forma en que fue construida, la calidad de los materiales, el tipo de suelo y el cumplimiento real de los procesos de supervisión.

Venezuela y el impacto de un doble sismo

Al referirse a los terremotos en Venezuela, Soto señaló que los movimientos de magnitudes 7.2 y 7.5 liberaron una energía devastadora, capaz de generar daños masivos en zonas urbanas vulnerables.

El ingeniero explicó que la profundidad del sismo, la cercanía a zonas pobladas y el tipo de suelo influyen directamente en el nivel de destrucción que puede provocar un terremoto.

Sostuvo que los suelos arcillosos suelen amplificar las ondas sísmicas y aumentar los daños, mientras que las zonas asentadas sobre roca o suelo firme tienden a ofrecer mejores condiciones frente a un movimiento telúrico.

Barrios dominicanos bajo mayor amenaza

Soto afirmó que las torres y edificaciones del polígono central del Distrito Nacional no representan su mayor preocupación, debido a que muchas están sobre suelo firme, fueron diseñadas por profesionales y pasaron por procesos de aprobación.

Sin embargo, expresó profunda preocupación por las viviendas informales levantadas en barrios, donde muchas casas fueron construidas por etapas, sin supervisión técnica, con materiales inadecuados y, en algunos casos, con varios niveles añadidos sin cálculo estructural.

El especialista puso como ejemplo las viviendas que comenzaron como casas de un nivel y luego fueron ampliadas con varios pisos adicionales para alojar a familiares, una práctica que, según dijo, podría provocar colapsos masivos ante un terremoto fuerte.

Fallas, zonas vulnerables y riesgo nacional

El ingeniero explicó que República Dominicana está ubicada en una zona sísmicamente activa y cuenta con varias fallas geológicas, algunas de ellas próximas a regiones como Puerto Plata, Samaná, Montecristi, la zona norte, Bávaro, Santiago, Moca y San Francisco de Macorís.

Recordó que en 1946 se registró un terremoto superior a magnitud 8 en la zona norte del país, lo que evidencia el potencial sísmico existente en la isla.

Soto aclaró que la vulnerabilidad no depende únicamente de la naturaleza, sino también de la forma en que las personas ocupan el territorio y construyen en zonas expuestas a amenazas.

Educación y prevención

Ante la gran cantidad de viviendas vulnerables, el ingeniero consideró que no existe una solución inmediata para muchas de esas estructuras, ya que reforzarlas o demolerlas implicaría un costo difícil de asumir a gran escala.

Por esa razón, insistió en que la educación debe ser el punto de partida, especialmente en las escuelas, para que los niños aprendan cómo actuar durante un sismo y puedan orientar también a sus familias.

Soto recomendó enseñar rutas de evacuación, zonas seguras, reacción rápida y conocimientos básicos sobre los llamados triángulos de vida, que pueden marcar la diferencia en casos de colapso estructural.

Supervisión y construcciones informales

El especialista reconoció que el país cuenta con inspectores y normativas para supervisar obras, pero advirtió que no son suficientes para controlar el crecimiento informal en sectores populares.

Señaló que muchas construcciones se levantan sin acudir a los organismos correspondientes para aprobar planos, lo que permite el avance de edificaciones sin diseño, sin materiales adecuados y sin supervisión profesional.

Soto criticó además que, en lugar de una fiscalización efectiva, en algunos casos aparecen personas vinculadas a ayuntamientos que solo buscan extorsionar a los propietarios, sin garantizar que las obras cumplan requisitos de seguridad.

Rescate y triángulos de vida

Sobre las labores de rescate en estructuras colapsadas, explicó que los equipos especializados deben actuar con precisión, porque retirar un elemento incorrecto puede provocar nuevos derrumbes y aplastar a personas atrapadas.

Indicó que, en algunos colapsos, ciertas columnas, muros o losas forman espacios vacíos donde una persona puede sobrevivir, conocidos como triángulos de vida.

Soto señaló que esos espacios pueden formarse por casualidad dependiendo de la manera en que caiga la estructura, por lo que los rescatistas deben evaluar cuidadosamente qué piezas mover y cuáles mantener en su lugar.

El ingeniero concluyó que República Dominicana debe asumir con seriedad la preparación ante terremotos, reforzando la educación ciudadana, la supervisión de obras y la evaluación de edificaciones antiguas e informales, especialmente en las zonas de mayor vulnerabilidad.

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