WASHINGTON.— Durante siglos, los católicos romanos en América Latina han conmemorado la Semana Santa como un tiempo sagrado de su religión que conlleva procesiones, misas y ayuno. Mientras al norte del continente, en Estados Unidos, la celebración de estas fechas y su amplificación comercial han convertido en protagonista al Conejo de Pascua, los huevos de colores y numerosas actividades en torno a su figura.
Pese a sus diferencias, todo indica que ambas celebraciones tendrían las mismas raíces en sus orígenes, razón por la que coinciden en el calendario. La Semana Santa, sin embargo, tiene una duración de siete días desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, día que también se conoce como la Pascua.
Pero las tradiciones con huevos de colores también son antiguas y su relación con el cristianismo es más cercana de lo que se cree. Una de las leyendas, narró Byrne, cuenta que después de que Jesucristo murió, resucitó y fue al cielo, una de sus discípulas, María Magdalena, fue a predicar al emperador. Este se rehusó a creer la historia de la resurrección y dijo: “¡Esa historia no es más cierta que decir que esos huevos son rojos!”. Entonces, María Magdalena recogió un huevo y “milagrosamente” se tornó carmesí.
El Conejo de Pascua, por otro lado, que según la creencia entrega huevos de colores, parece ser de origen germánico, nuevamente de la época precristiana. Su leyenda dice que la diosa de la primavera, Ostara, transformó un pájaro en un conejo, y este respondió poniendo hermosos huevos de colores para su festival.







