San Cristóbal. – Hoy, 14 de octubre, han transcurrido ya dos meses desde aquel fatídico día, cuando una explosión convirtió la vida de los sancristobalenses en una pesadilla, pero las sombras del misterio aún se ciernen sobre lo que ocurrió. La ciudad no ha logrado recuperarse por completo de esta catástrofe que dejó a la comunidad en estado de shock y luto.
El pasado 14 de agosto, un día que comenzó como cualquier otro en el bullicio del centro de la ciudad en San Cristóbal, se convirtió en el día más negro de la vida de muchos. A las 3:23 de la tarde, un retumbante estallido sacudió las calles, y en cuestión de segundos, la rutina diaria se vio sumida en el caos y la tragedia.
El saldo del suceso es desgarrador: al menos 38 personas perdieron la vida, y decenas resultaron gravemente heridas, algunas de ellas con secuelas que cambiarán sus vidas para siempre. Pero más allá de las estadísticas, el dolor y la incertidumbre persisten para al menos 12 familias que aún no han recibido noticias de sus seres queridos. El silencio y la falta de respuestas se han convertido en un tormento insoportable para estos corazones angustiados.
A un día de cumplirse un mes de la tragedia, las autoridades del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) entregaron a parientes de la tragedia, 10 de los restos que permanecían en la morgue y que fueron compatibles mediante pruebas de ADN con sus familiares.
A través de un comunicado de prensa el director de Inacif, Francisco Gerdo, informó que sobre los otros levantamientos restantes, que “todos tienen prueba de ADN, pero no hay coincidencia con el resto de las familias que están a la espera de saber de sus familiares”, al tiempo de indicar que el Inacif trabajaba para la identificación y entrega de los mismos.
Muchos de los parientes que no pudieron obtener ningún rastro de su familiar por no ser compatibles en la prueba de ADN decidieron realizar funerales vacíos con la intención de poner en manos de Dios sus almas.











