El sueño es un profundo regulador de la inmunidad adaptativa, que se ha demostrado, por ejemplo, en el contexto de la vacunación: en estudios experimentales en humanos, dormir después de la vacunación duplicó la respuesta de anticuerpos específicos del antígeno y de las células T en comparación con permanecer despierto por la noche.
Estos hallazgos que fueron descriptos hace varios años, fueron corroborados por un estudio científico de 2023 en forma de metaanálisis que muestra que la corta duración del sueño evaluada fue consistentemente asociado con una respuesta inmune reducida a la vacunación antiviral en todos los estudios están corroborados por estudios observacionales de poblaciones más grandes que demuestran una estrecha asociación entre la corta duración del sueño habitual y la reducción de las respuestas a las vacunas.
“Aquí mostramos en humanos sanos que el sueño, en comparación con la vigilia nocturna, promueve específicamente la migración de varios subconjuntos de células T hacia la quimiocina CCL19, que es esencial para la localización de los ganglios linfáticos y, por lo tanto, para el inicio y mantenimiento de respuestas inmunes adaptativas”, aseguraron científicos de la Universidad Ludwing-Maximilians (ULM) de Munich que han demostrado que el sueño aumenta el potencial migratorio de las células T hacia los ganglios linfáticos para proteger las defensas del cuerpo.
El conocimiento popular de que dormir es saludable está más vigente que nunca con estos nuevos estudios. Si bien investigaciones anteriores ya habían demostrado que el buen descanso duplica la respuesta inmune tras una vacunación, hasta ahora se habían investigado poco las razones biológicas celulares de por qué esto ocurre en nuestro organismo.
Un equipo dirigido por la profesora Luciana Besedovsky del Instituto de Psicología Médica de la (ULM) ha demostrado que el sueño de 7 u 8 horas diarias promueve el potencial de las células inmunitarias (las llamadas células T) para migrar hacia los ganglios linfáticos. Los investigadores informaron sus hallazgos en la revista Brain, Behavior, and Immunity.
Los científicos examinaron repetidamente la concentración de varios subgrupos de células T en la sangre de una cohorte de hombres y mujeres sanos durante dos sesiones de 24 horas.
En una de las dos condiciones de prueba, a los participantes se les permitió dormir por la noche durante ocho horas, mientras que en la otra se relajaron en la cama, pero permanecieron despiertos. Un catéter en el antebrazo conectado a una habitación adyacente mediante un tubo permitió la extracción de sangre sin perturbar el sueño del participante.
Como demostraron los investigadores, el sueño aumenta la migración dirigida de las células T hacia una proteína de señalización, la llamada quimiocina CCL19. Esta molécula media en la migración de las células T, que poseen el receptor correspondiente para CCL19, a los ganglios linfáticos, donde se “entrenan” las defensas inmunitarias de las células T mediante la presentación de antígenos, por ejemplo, después de una vacunación.
En experimentos posteriores, los investigadores demostraron que la incubación de células T con plasma sanguíneo extraído de participantes dormidos aumentaba también el potencial migratorio. “Esto demuestra que los factores solubles que se elevan en el plasma sanguíneo durante el sueño median el efecto del sueño sobre la migración de las células T.
De esta manera podemos recrear en cierto modo el efecto del sueño en el laboratorio utilizando el plasma sanguíneo de personas dormidas”, informa Besedovsky.
Los científicos identificaron la hormona del crecimiento y la prolactina como factores decisivos para este comportamiento migratorio. Ambas hormonas mostraron cambios en la concentración en plasma dependientes del sueño, con valores más altos entre los participantes que dormían durante la noche.







