A las 6:30 de la mañana, del 7 de octubre de 2023, día Simchat Torah en Israel – uno de los días festivos más importantes para la comunidad judía -, los habitantes de más de 20 localidades colindantes con la Franja de Gaza despertaron con el sonido de disparos, explosiones y alarmas que vaticinaban lo peor: el enemigo había cruzado la frontera.
Del otro lado de la barrera, construida por Israel para delimitar las realidades entre sus ciudadanos y los palestinos dentro de la Franja, más de 1.200 miembros de Hamás, armados hasta los dientes, perforaban la malla ciclónica para iniciar la misión más importante de la historia en ese grupo, con un objetivo, asestar un golpe mortal al enemigo.
La incompatibilidad existencial entre Hamás e Israel se encontró frente a frente esa mañana de octubre, cuando los milicianos traspasaron la frontera israelí en distintos frentes. En una base militar israelí, los miembros del grupo islamista atacaron por sorpresa cobrándose la vida de más de un centenar de soldados, tomando vehículos militares israelíes y prendiendo con fuego las zonas aledañas.
Dentro de las localidades civiles, en donde las casas están adaptadas con cuartos de seguridad para prevenir ataques como este, víctimas del atentado narran que los milicianos derribaron las puertas de los hogares, disparando a quien se cruzara, y a aquellos que dejaban vivir los tomaron como rehenes para llevarlos a las profundidades de Gaza.
En otro frente, en un festival de música electrónica, los miembros de Hamás irrumpieron en la celebración musical en paracaídas, materializando la matanza más brutal del día, con registros de al menos 1.000 víctimas mortales, la mayoría civiles.

El saldo final del día, fuentes oficiales del gobierno israelí revelaron que al menos 1.200 nacionales del Estado de mayoría judía fallecieron durante el ataque, mientras que unos 240 fueron tomados como rehenes por el grupo islamista. En la actualidad, unos 129 siguen cautivos y más de 30 han muerto dentro de la Franja.
¿Que hubo detrás del ataque más mortífero que ha experimentado Israel desde su creación?
El atentado de Hamás dentro de Israel tomó por sorpresa cada rincón del planeta: ¿Cómo poco más de 1.000 milicianos sin entrenamiento formal habían logrado transgredir uno de los mejores sistemas de seguridad del planeta, usando rifles rudimentarios y carritos de golf?
Una investigación del New York Times, publicada en diciembre, reveló lo que parecía un secreto a voces. Israel conocía los planes sobre el atentado un año antes de que ocurriera, pero, por alguna razón, el Ejército decidió no actuar al respecto.
Según el diario estadounidense, las Fuerzas de Defensa israelíes (FDI) habrían escrito un reporte titulado ‘Murallas de Jericó’, en donde detallaban las debilidades de la frontera con Gaza, así como la necesidad de reforzar la vigilancia en la zona y una advertencia sobre la posible organización de un ataque mortífero dentro del seno de Hamás. Pero Tel Aviv, no hizo caso.
Las advertencias del cuerpo de inteligencia israelí, uno de los más sofisticados y alabados del planeta, fueron seguidas de avisos procedentes del exterior. El servicio de inteligencia egipcio también habría enviado una alerta sobre un posible atentado dentro de territorio israelí.
El mundo se pregunta por qué Israel hizo caso omiso a los reiterados avisos, tanto internos como externos, sobre una tragedia que finalmente se materializó. Medios locales reportan que las Fuerzas de Defensa están preparando una investigación interna dentro de un extenso informe, que será presentado a mediados de año por el Jefe de Estado Mayor de las FDI, el Teniente General Herzi Halevi.

Hasta entonces, la omisión israelí sobre las advertencias, y su fallo sistemático para enfrentar a los milicianos de Hamás, son incógnitas.
“Un paso necesario”
Dos meses después del ataque, un texto de 16 páginas publicado por Hamás, titulado ‘Nuestra Narrativa’, expuso la visión del grupo miliciano sobre la mañana del 7 de octubre, en un intento de responder las preguntas más relevantes de la comunidad internacional sobre los motivos del grupo para perpetrar un atentado tan mortífero.
“[El ataque] era un paso necesario y una respuesta normal para hacer frente a todas las conspiraciones israelíes contra el pueblo palestino”, explicó el grupo miliciano dentro del reporte, donde también afirmaron que el atentado tenía como objetivo principal afectar las capacidades militares de Israel, más no a la población civil.
Aunque Hamás hizo referencia a preceptos “morales y religiosos” para subrayar que la intención del ataque no era asesinar población civil, el grupo reconoció que “tal vez se produjeron algunos fallos” en la materialización de la operación.
“Si hubo algún caso de ataque contra civiles; ocurrió accidentalmente y en el curso del enfrentamiento con las fuerzas de ocupación”, escribió Hamás, que también aprovechó el espació para señalar a las fuerzas de seguridad israelíes como verdugos de algunas de las víctimas, producto de la “confusión”, que provocó el desmoronamiento de su esquema de seguridad.
Concluyendo, el escrito también apeló al historial de violencia que Israel ha ejercido sobre Gaza y la Cisjordania ocupada como el motivo principal del ataque, mismo que pretendía, según la organización islamista, raptar miembros del cuerpo de seguridad israelí para ejercer presión al Gobierno de Benjamín Netanyahu y conseguir la liberación de algunos de los palestinos encarcelados dentro de Israel.

El esfuerzo ha sido parcialmente fructífero ya que, en las rondas posteriores de liberación, Hamás logró liberar a 300 palestinos encarcelados, en su mayoría niños y mujeres, a cambio de 100 rehenes devueltos a sus hogares.
Sin embargo, los intercambios se han visto manchados de sangre palestina, costando la vida de más de 30.000 civiles, según el ministerio de Salud de Hamás, producto de los ataques israelíes en busca de exterminar a Hamás, después de aquel fatídico 7 de octubre.






