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Cómo una microbiota intestinal alterada podría influir en el riesgo de desarrollar Parkinson

Un neurólogo consultado por The Telegraph examinó las evidencias que vinculan al sistema digestivo con este trastorno y explicó por qué ciertas señales pueden manifestarse mucho antes de la aparición de los síntomas motores

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La ciencia médica enfrenta un desafío ante el avance de la enfermedad de Parkinson, cuyo crecimiento sorprendió a especialistas y autoridades sanitarias en todo el mundo. Según información publicada por The Telegraph, el vínculo entre la salud intestinal y el desarrollo del Parkinson abre una vía de investigación sobre los factores que podrían influir en este trastorno neurodegenerativo.

Datos recopilados por el medio británico indicaron que al menos 166.000 personas conviven con el Parkinson en el Reino Unido, y las proyecciones advierten que la cifra podría duplicarse en las próximas dos décadas.

El fenómeno se observa en parte por el envejecimiento de la población, pero también por la mejora en los métodos de diagnóstico y una mayor visibilidad mediática de la enfermedad. Casos como los de Michael J. Fox y Muhammad Ali impulsaron la concienciación pública, facilitando la detección de nuevos pacientes.

El intestino bajo la lupa de la neurología

Las causas exactas del Parkinson siguen sin esclarecerse, aunque recientes estudios apuntan a una relación directa entre el microbioma intestinal y la aparición temprana de la enfermedad.

(Imagen Ilustrativa Infobae)

De acuerdo con The Telegraph, especialistas del University College London (UCL) identificaron diferencias en la composición bacteriana del intestino de quienes desarrollan Parkinson respecto a la población sin trastornos neurológicos. Estas alteraciones preceden a los primeros síntomas motores, lo que sugiere un potencial marcador precoz en el microbioma.

El neurólogo K. Ray Chaudhuri, citado por The Telegraph, respaldó esta hipótesis y afirmó que el intestino juega un papel importante en el desarrollo de la enfermedad.

La investigación de UCL encontró que los pacientes con Parkinson presentan una menor abundancia de bacterias asociadas con la salud intestinal, como Faecalibacterium, Prevotella y Roseburia, junto con un aumento de microorganismos vinculados a procesos inflamatorios, una combinación que podría contribuir al debilitamiento de la barrera intestinal.

El eje intestino-cerebro y el papel de la alfa-sinucleína

El vínculo entre el intestino y el cerebro se explica a través del nervio vago, el más extenso del cuerpo humano, que conecta ambos órganos. Según describió Chaudhuri, una proteína llamada alfa-sinucleína, que se produce en el intestino, puede viajar hasta el cerebro por esta vía.

Ilustración de un cerebro humano transparente conectado por líneas de luz a un intestino que contiene diversas bacterias y microorganismos coloridos.

Cuando la alfa-sinucleína adopta una estructura anómala, se agrupa en cúmulos conocidos como cuerpos de Lewy, considerados un signo del Parkinson.

La hipótesis del eje intestino-cerebro encuentra respaldo en observaciones históricas: James Parkinson, el médico británico que describió la enfermedad en 1817, ya había registrado el estreñimiento como un síntoma frecuente.

Décadas después, investigaciones contemporáneas señalaron que un “intestino permeable” facilitaría el paso de proteínas tóxicas al torrente sanguíneo y posteriormente al cerebro, donde contribuyen a la destrucción de células productoras de dopamina.

Alimentación y prevención

Aunque no existe evidencia que relacione de manera directa el consumo de alimentos ultraprocesados con el aumento de casos de Parkinson, la calidad de la dieta influye en la salud intestinal.

(Imagen Ilustrativa Infobae)

El profesor Chaudhuri recomendó una dieta mediterránea, rica en aceite de oliva, verduras, pescado, frutas y cereales integrales. Estudios de la Universidad de Harvard citados por el medio británico, señalaron que este tipo de alimentación se asocia con un menor riesgo de desarrollar la enfermedad y con una microbiota más diversa y saludable.

Entre los consejos nutricionales, la publicación resalta la importancia de los flavonoides, compuestos presentes en bayas, manzanas y té, que podrían ayudar a mitigar síntomas como fatiga, trastornos del sueño y alteraciones intestinales. Además, la ingesta de estos compuestos se relaciona con una mayor esperanza de vida para quienes padecen Parkinson.

Probióticos, ejercicio y hábitos

En los últimos años, los probióticos comenzaron a estudiarse como complemento del tratamiento del Parkinson. Según informó The Telegraph, un ensayo dirigido por la neuróloga Valentina Leta en Suecia encontró que un probiótico de cuatro cepas aumentó la eficacia de la levodopa, el principal medicamento utilizado contra la enfermedad.

Chaudhuri sostuvo en diálogo con The Telegraph que “los probióticos pueden aliviar los síntomas del Parkinson y mejorar la eficacia de los medicamentos” y aconsejó su uso desde el diagnóstico.

Mesa de madera rústica con kéfir, salmón ahumado, pan artesanal y frascos de vegetales fermentados como chucrut, zanahorias, pepinillos y kimchi, además de arenques y salsas.

A esta estrategia se suman otras recomendaciones: realizar al menos 150 minutos de ejercicio semanal, mantener una hidratación adecuada y procurar un descanso de entre 6 y 8 horas diarias. Dormir bien, indicó el especialista, activa el sistema glinfático, responsable de eliminar desechos del cerebro.

La detección temprana del Parkinson permite adoptar cambios en el estilo de vida que pueden mejorar el bienestar de los pacientes. Según el neurólogo, aunque actualmente no existen fármacos capaces de detener la progresión de la enfermedad, un diagnóstico precoz favorece la implementación de medidas preventivas y terapéuticas.

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