Correr de noche mejora el rendimiento y no empeora el sueño en adultos sanos

Entrenar después de la puesta de sol reduce el estrés térmico y puede facilitar la descarga de tensión, mientras revisiones de PubMed y ScienceDirect no detectan daños globales en el descanso si se ajustan la exigencia y el horario

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Correr de noche puede aliviar el calor, favorecer el rendimiento y ayudar a descargar tensión al final del día, pero su efecto sobre el descanso cambia según la intensidad del ejercicio y el margen que quede antes de acostarse.

Según Corredor, y de acuerdo con revisiones recogidas en PubMed y ScienceDirect, una sesión muy exigente cerca de la hora de dormir puede retrasar el sueño, aunque la evidencia disponible no halló un deterioro general significativo de la calidad del descanso.

Una revisión en PubMed de nueve artículos con 201 participantes no encontró efectos negativos significativos sobre el sueño no REM ni sobre la eficiencia del sueño, mientras ScienceDirect informó de que un metaanálisis de 15 estudios con 194 participantes observó una reducción del sueño REM cuando el ejercicio intenso acabó entre 0,5 y cuatro horas antes de dormir, sin otros cambios relevantes.

Qué beneficios puede tener correr de noche

Según Corredor, entrenar tras la puesta de sol reduce la exposición al calor y baja el riesgo de sobrecalentamiento y deshidratación. Esa menor carga térmica también recorta el estrés cardiovascular y muscular durante la sesión.

La publicación sitúa entre las 17 y las 20 horas el punto más alto de la temperatura corporal. En esa franja, añade, los músculos están más elásticos y las articulaciones más lubricadas, una combinación que puede favorecer la eficiencia del movimiento y reducir el riesgo de lesiones.

Corredor también sostiene que en los entrenamientos vespertinos los corredores suelen aguantar más tiempo y percibir menos esfuerzo. Esa mejora la vincula a una activación neuromuscular más alta y a un uso más eficiente de las reservas de glucógeno.

Persona con linterna frontal y chaleco reflectante corre bajo la lluvia en un parque por la noche, con árboles, farolas y rascacielos iluminados.En el plano anímico, la publicación señala que correr de noche puede ayudar a reducir el cortisol y mejorar el estado de ánimo. En sesiones moderadas, añade, esa descarga física puede facilitar una transición más suave hacia el descanso nocturno.

Cómo puede afectar al sueño, según la evidencia científica

La revisión sistemática publicada en PubMed analizó nueve artículos con 201 participantes adultos. Sus autores concluyeron que el ejercicio vespertino de corta duración retrasó el ritmo de la melatonina y elevó la temperatura corporal central nocturna.

Aun con esos cambios fisiológicos, PubMed no observó efectos negativos en el sueño no REM ni en la eficiencia del sueño. Tampoco encontró diferencias en la calidad del sueño entre ejercicios agudos de alta intensidad y de intensidad moderada.

La misma revisión señaló que, cuando el ejercicio se prolonga más, la temperatura corporal central tendió a subir y volvió a los niveles basales entre 30 y 120 minutos. Sus autores resumieron que el ejercicio nocturno de corta duración, incluso el intenso, no tuvo un efecto negativo significativo sobre la calidad del sueño, aunque el ritmo circadiano fisiológico tendió a alterarse.

Una mujer joven de cabello castaño y camiseta clara se estira en la cama. Se ven una almohada, un edredón y una mesa de noche con un libro y una taza.

El metaanálisis recogido por ScienceDirect partió de que el ejercicio moderado suele recomendarse para dormir mejor, mientras el de alta intensidad antes de acostarse suele desaconsejarse.

Tras revisar 15 estudios agudos en adultos sanos con buen sueño, la publicación detectó una reducción del sueño REM de 2,34% cuando el ejercicio intenso terminaba entre 0,5 y cuatro horas antes de dormir.

Fuera de esa caída del sueño REM, ScienceDirect no registró otros cambios significativos en el sueño nocturno. La revisión también indicó que el ejercicio intenso vespertino practicado de forma regular no alteró el descanso nocturno.

Riesgos de correr de noche y qué cambia en invierno

Las alertas prácticas recogidas por Corredor se concentran en dos frentes: la activación fisiológica y la seguridad. Un entrenamiento muy intenso justo antes de dormir puede mantener alta la adrenalina, la frecuencia cardíaca y la temperatura interna, factores que retrasan el inicio del sueño.

La publicación añade que la falta de luz eleva la probabilidad de tropiezos, caídas o accidentes con vehículos. También avisa de un riesgo añadido en zonas solitarias o mal iluminadas, donde la seguridad personal pasa a formar parte del propio entrenamiento.

En invierno, Corredor describe un escenario distinto al del verano. Correr de noche implica más frío, humedad y viento, y en algunos casos temperaturas cercanas a 0°C.

Hombre con gorro, guantes y chaqueta deportiva de invierno en un parque nevado. Vapor sale de su boca bajo una farola encendida.El frío, la humedad, el viento y temperaturas cercanas a 0°C condicionan correr de noche en invierno (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ese contexto cambia la respuesta del cuerpo. Según la fuente, los músculos tardan más en alcanzar su temperatura óptima, aumenta el riesgo de tirones o contracturas si el calentamiento no es progresivo y la vasoconstricción puede restar agilidad y coordinación al reducir el flujo sanguíneo hacia la piel y las extremidades.

A la vez, Corredor señala un posible efecto favorable del entrenamiento en frío sobre la termogénesis y la eficiencia cardiovascular. También menciona una exigencia mental mayor, porque la noche llega antes y la preparación previa puede convertirse en una barrera para mantener la rutina.

Cómo correr por la noche sin perjudicar el descanso

Las recomendaciones prácticas convergen en el tiempo que se deja entre el ejercicio y la cama. Corredor sostiene que la mayoría de los estudios aconsejan dejar entre dos y cuatro horas entre el final de la sesión y el momento de acostarse.

La misma publicación concreta que los entrenamientos de alta intensidad conviene terminarlos al menos tres horas antes de dormir. Para los rodajes suaves, añade, unas dos horas suelen bastar.

Persona con gorro, linterna frontal, chaqueta reflectante y mochila abriendo la puerta de una casa por la noche. Se ve vapor de aliento y una calle iluminada al fondo.

Esa pauta encaja con la evidencia recogida por ScienceDirect, que sitúa la ventana de dos a cuatro horas antes de acostarse como la más compatible con el sueño nocturno en adultos sanos. También coincide con PubMed, que observó que la temperatura corporal central puede volver a la línea de base entre 30 y 120 minutos tras ejercicios de larga duración.

En la alimentación, Corredor recomienda una cena ligera con suficiente antelación. Después del entrenamiento, propone un refrigerio pequeño con carbohidratos y proteínas de fácil digestión para recuperar sin interferir en el descanso.

La fuente también aconseja un enfriamiento progresivo con carrera suave, estiramientos y ducha templada. A eso suma medidas de seguridad como ropa reflectante, frontal o linterna, rutas conocidas y, si es posible, compañía.

Para los adultos sanos estudiados en ScienceDirect, el ejercicio intenso por la noche no mostró una alteración general del descanso cuando se hizo con margen suficiente antes de acostarse. Ese dato refuerza la importancia de ajustar horario e intensidad antes de salir a correr.

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