El renovado interés por granos ancestrales como la quinoa y el trigo espelta ha impulsado un debate sobre sus supuestos beneficios para la salud frente a los granos modernos. La ciencia contemporánea, según BBC Future, aborda esta tendencia con matices y precaución.
Los expertos indican que no hay pruebas concluyentes de que los granos ancestrales sean siempre más saludables que los modernos. La clave radica en priorizar el consumo de granos integrales, sin importar si su origen es ancestral o surgido de prácticas agrícolas recientes. La distinción más relevante no es la antigüedad del grano, sino si se consume entero o refinado.
Los granos ancestrales mantienen características genéticas que apenas han cambiado desde el Neolítico, hace unos 12.000 años. Según el medio citado, a diferencia de los modernos, estos cereales —como la quinoa, mijo, amaranto, fonio y trigo espelta— no han sido seleccionados de forma sistemática en busca de mayor rendimiento o propiedades específicas para la industria.
El resurgimiento actual de estas especies se debe en parte al trabajo de comunidades agrícolas e investigadores, que han redescubierto variedades olvidadas. “Hay una enorme variedad de cultivos que actualmente pasamos por alto”, afirma la profesora Amy Bogaard, de la Universidad de Oxford, citada por el medio.

Beneficios nutricionales y para la salud
Numerosos estudios asocian el consumo de granos integrales con un menor riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer. Una revisión de 2020 que incluyó 17 estudios encontró que las dietas ricas en granos integrales se relacionan con tasas más bajas de cáncer colorrectal, de colon, gástrico, pancreático y esofágico.
Sin embargo, estos resultados no son exclusivos de los granos ancestrales. La diferencia fundamental depende de si el grano es integral o refinado. “Los granos se refinan para el sabor y una vida útil más larga, pero este proceso elimina parte de la fibra y el valor nutricional”, explica Rilla Tammi, investigadora del Instituto Finlandés de Salud y Bienestar, en entrevista recogida por BBC Future.
A pesar de los beneficios, el consumo de granos integrales no es dominante. Los expertos suelen recomendar que al menos la mitad de los cereales diarios sean integrales para optimizar el aporte de fibra, proteína, vitamina B, hierro y antioxidantes.

Algunos estudios han vinculado el consumo regular de pan hecho con harina de quinoa a una menor respuesta glucémica en hombres con signos iniciales de diabetes tipo 2, señala Chris Seal, profesor emérito de nutrición en la Universidad de Newcastle. Además, granos como el mijo y el amaranto son naturalmente libres de gluten, lo que los convierte en alternativas para personas con alergias o intolerancia.
Matices científicos y recomendaciones de expertos
La evidencia sobre la superioridad de los granos ancestrales es limitada, advierte Julie Miller Jones, profesora emérita de alimentos y nutrición en St. Catherine University. “El entusiasmo por los granos ancestrales está justificado en casos de intolerancia al gluten. Fuera de esa condición, la diferencia entre consumir granos antiguos o modernos es mínima”, indica Miller Jones, según recoge BBC Future.
Las investigaciones muestran que quienes consumen más granos integrales suelen mantener una dieta más saludable en general. Un estudio realizado con más de 5.000 adultos en Finlandia identificó que quienes optaban por estos cereales también ingerían más frutas, verduras, pescado y productos lácteos bajos en grasa, y menos carne roja y procesada.

Expertos como Tammi subrayan que el mayor aporte a la salud depende menos de si el grano es ancestral y más de su presentación integral y de una dieta variada. Además, la popularidad y disponibilidad de los granos modernos se relacionan con su rendimiento agrícola y facilidad de procesamiento industrial.
Sostenibilidad y futuro de los granos ancestrales
En agricultura sostenible, algunos granos ancestrales presentan una mayor resiliencia agrícola ante condiciones climáticas adversas y requieren menos pesticidas. Esta cualidad adquiere importancia frente al impacto del cambio climático, ya que estos cultivos pueden favorecer la seguridad alimentaria mundial.
En regiones como Turquía y África Occidental, agricultores y científicos experimentan con variedades antiguas de trigo y fonio para enfrentar la degradación de tierras y la sequía. La profesora Bogaard destaca que, históricamente, los agricultores equilibraban el cultivo de cereales con otras especies para optimizar los recursos y adaptarse a plagas y cambios ambientales.

No obstante, los granos ancestrales continúan ocupando un lugar minoritario en la agricultura industrial, ya que los modernos ofrecen mayores rendimientos y mejores cualidades para la panificación, señala Seal.
La comunidad científica, según BBC Future, insiste en que lo más relevante es diversificar la dieta y priorizar los cereales integrales. Incorporar distintos tipos de granos, tanto ancestrales como modernos, es la mejor estrategia para asegurar la variedad de micronutrientes necesarios en una alimentación equilibrada.











