Estados Unidos e Irán sostendrán este jueves en Ginebra, Suiza, su tercera ronda de negociaciones indirectas sobre el programa nuclear iraní, mediadas por el canciller de Omán, Badr bin Hamad Al Busaidi. La reunión ocurre en un contexto de tensiones crecientes, con advertencias de posibles acciones militares estadounidenses y amenazas del régimen de Teherán contra Washington y sus aliados en Medio Oriente.
Aunque las partes informaron avances en encuentros previos, aún no han logrado acuerdos concretos sobre sus líneas rojas. Washington exige la suspensión total del enriquecimiento de uranio y restricciones al alcance de los misiles iraníes, mientras que Irán solo aceptaría limitaciones a cambio del levantamiento de sanciones.
El despliegue militar estadounidense en la región, con portaaviones, destructores y cazas, refleja la presión sobre Irán antes de posibles acciones si fracasan las negociaciones. Por su parte, Irán advirtió que considerará cualquier base militar estadounidense en Medio Oriente como objetivo legítimo en caso de ataque y mantiene la amenaza hacia Israel.
El presidente Donald Trump ha reiterado su disposición a usar la fuerza si la diplomacia falla, mientras que Irán sostiene que su programa nuclear tiene fines pacíficos y rechaza cualquier acusación sobre la fabricación de armas atómicas. Ambas delegaciones, encabezadas por el enviado especial estadounidense Steve Witkoff y el ministro de Exteriores iraní Abás Araqchí, buscan alcanzar un acuerdo “justo y equitativo en el menor tiempo posible”.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirma que Irán mantuvo un programa de armas nucleares hasta 2003 y que actualmente su enriquecimiento de uranio se acercaba al 60 %, cerca del nivel requerido para uso armamentístico. La comunidad internacional sigue con atención los resultados de esta ronda, considerada clave para la estabilidad regional.







