Santo Domingo.- La reciente confirmación de que la muerte de Raisa Luisa Mendoza, de 50 años, y su hijo Yadhir Nael Cornelio, hallados sin vida en un apartamento del sector Piantini, estuvo relacionada con una intoxicación por monóxido de carbono, ha puesto nuevamente en evidencia el peligro de este gas tóxico, conocido por especialistas como “el asesino silencioso”.
El monóxido de carbono (CO) es un gas altamente peligroso que no tiene color, olor ni sabor, características que dificultan su detección por parte de las personas. Se produce cuando combustibles como gas, gasolina, carbón, madera o queroseno no se queman completamente, lo que puede ocurrir en equipos defectuosos o en espacios con poca ventilación.
Los expertos explican que el principal riesgo radica en que el organismo humano no puede percibir su presencia. Al ser inhalado, el gas pasa rápidamente de los pulmones al torrente sanguíneo y se une a la hemoglobina, la proteína encargada de transportar oxígeno por todo el cuerpo. Esta unión ocurre con una afinidad mucho mayor que la del oxígeno, impidiendo que órganos vitales como el cerebro y el corazón reciban el suministro necesario para funcionar correctamente.
Un enemigo invisible
Debido a sus características, el monóxido de carbono puede acumularse sin ser detectado en viviendas, apartamentos, hoteles, restaurantes y otros espacios cerrados. Cuando la concentración aumenta, las personas pueden intoxicarse en cuestión de minutos, especialmente mientras duermen o permanecen durante largos períodos en ambientes contaminados.
Entre las fuentes más comunes de este gas se encuentran calentadores de agua, estufas, hornos, chimeneas, generadores eléctricos, plantas de emergencia y motores de vehículos encendidos en áreas cerradas o con ventilación insuficiente.
Síntomas que suelen confundirse
Uno de los mayores peligros de la intoxicación por monóxido de carbono es que sus síntomas iniciales pueden confundirse fácilmente con los de enfermedades comunes, como una gripe o agotamiento físico.
Las primeras señales suelen incluir dolor de cabeza, mareos, debilidad, cansancio extremo, somnolencia y náuseas. A medida que aumenta la exposición, pueden presentarse vómitos, dificultad para concentrarse, desorientación, pérdida del equilibrio y confusión mental.
En los casos más graves, la víctima puede perder el conocimiento, sufrir daños neurológicos permanentes o fallecer por falta de oxígeno en órganos esenciales.
Qué hacer ante una sospecha
Los especialistas recomiendan actuar de inmediato si se sospecha una fuga o acumulación de monóxido de carbono. La primera medida es abrir puertas y ventanas para permitir la circulación de aire fresco y evacuar el lugar lo antes posible.
También se debe apagar cualquier aparato que funcione mediante combustión y contactar a los servicios de emergencia. Las personas afectadas deben recibir atención médica urgente, ya que incluso exposiciones breves pueden generar consecuencias graves para la salud.
La prevención salva vidas
Los expertos coinciden en que la mejor herramienta contra el monóxido de carbono es la prevención. Entre las recomendaciones figuran realizar mantenimiento periódico a equipos de gas y sistemas de combustión, verificar que las llamas sean de color azul y no amarillo, evitar el uso de generadores o parrillas dentro de espacios cerrados y garantizar una ventilación adecuada en viviendas y establecimientos comerciales.
Asimismo, destacan la importancia de instalar detectores de monóxido de carbono, dispositivos que alertan sobre la presencia del gas antes de que alcance niveles peligrosos.
La tragedia ocurrida en Piantini ha reavivado la preocupación sobre un riesgo que muchas veces pasa desapercibido. Para los especialistas, la educación ciudadana y el mantenimiento adecuado de los equipos son fundamentales para evitar nuevas víctimas de un enemigo invisible que puede resultar mortal en pocos minutos.







