En el génesis aparece una narración muy conocida, el destierro de Abram. Para los que realizan una lectura literal de la biblia esto es sólo una orden divina, sin embargo, en esta escena aparece la triste realidad de la emigración humana en busca de mejores condiciones de vida. Emigrar es como lanzarse al vacío, adentrarse a un mundo desconocido ancho y ajeno.
La migración tiene múltiples causas pero fundamentalmente el hombre deja su terruño en busca de mejores condiciones de vida, un mayor desarrollo económico y progreso.
En la República Dominicana recibimos inmigrantes de varios países, Venezuela, Colombia, Estados Unidos, y otros, pero el dolor de cabeza lo constituyen los migrantes haitianos, dicen las estadísticas oficiales de cada cien migrantes ochenta y seis son haitianos. Los inmigrantes procedentes de Venezuela han crecido en números considerables, los organismos del Estado hablan de ciento cincuenta mil pero otras fuentes estiman que llegan al medio millón pero este crecimiento de ilegales venezolanos no parece preocupar a las autoridades. ¿Por qué! Es cómo si de pronto el único problema que tiene la nación dominicana se reduce a la presencia haitiana.
Las autoridades de migracion mantienen un acedio permanente contra los migrantes haitianos sacándolo de sus cosas, lugares de trabajos, y hasta de hospitales públicos.
Diríamos que las autoridades de migración tienen como finalidad mantener el control de inmigrantes, correcto, y si alguien burla su vigilancia debe ser apresado y devuelto a su país, lo malo es que en el caso de los haitianos se negocia con ellos y con una cuota de diez mil o quince mil pesos son liberados y si llegan a la frontera sólo hay que aumentar la cuota a veinticinco o trenta mil pesos. Esto no es cumplir la ley esto es hacer negocio, esto es corrupción.
Los haitianos los encontramos en los campos de arroz, en las plantaciones de café, cuidando el ganado, en la construcción, en turismos, ellos se han convertido en la mano de obra que sostiene y mantiene activo amplios sectores productivos de la economía nacional.
En virtud de esta realidad, ¿No sería conveniente buscar soluciones viables consensuadas entre todos los actores involucrados en este drama humano?
Los haitianos vienen a nuestro país empujando por el hambre, la pobreza, y la miseria, de su país la inestabilidad política y la inseguridad. No vienen por placer, no vienen a delinquir, vienen buscando sobrevivir. ¿No sería justo tratarlo con dignidad, haciendo menos traumático el proceso de retorno a su país?
Bajar el tono de la narrativa oficial, no utilizar el problema haitiano como chivo expiatorio para ocultar las grandes deficiencias del gobierno y sus innumerables actos de corrupción. Evitar el negocio de las autoridades en migración, la extorsión y trafico humano en la frontera son aspiraciones legítimas de justicia y respeto a los derechos humanos.
Padre, Enerio Vásquez.







