Frente a este panorama, especialistas en ciberseguridad recomiendan abandonar la protección basada en una sola herramienta y adoptar una estrategia de defensa por niveles que permita reducir el riesgo de robo de información, secuestro de sistemas y ataques de ransomware.
De acuerdo con el más reciente Panorama de Amenazas de FortiGuard Labs, Colombia concentra el 8% de los incidentes cibernéticos registrados en la región. Esta tendencia refleja el aumento de campañas maliciosas impulsadas por técnicas cada vez más sofisticadas, muchas de ellas potenciadas por inteligencia artificial para automatizar ataques y dificultar su detección.

Fernando Maturana, gerente general de Gtd Colombia, explicó que la evolución de las amenazas obliga a las organizaciones a fortalecer todos los puntos de su infraestructura tecnológica. Según indicó, la protección ya no depende de un único software, sino de la integración de diferentes capas de seguridad que trabajen de forma coordinada
Los ataques son cada vez más sofisticados
Los ciberdelincuentes utilizan múltiples estrategias para comprometer los sistemas empresariales. Entre ellas destacan el phishing, que busca robar credenciales mediante correos electrónicos falsos; el malware, diseñado para infiltrarse en los equipos; y el ransomware, que cifra los archivos de una organización para exigir un pago a cambio de recuperarlos.
A ello se suma el uso creciente de inteligencia artificial, que permite crear campañas más personalizadas, automatizar el reconocimiento de vulnerabilidades y desarrollar ataques difíciles de detectar mediante métodos tradicionales.
Ante este escenario, los especialistas coinciden en que las compañías necesitan adoptar un enfoque preventivo que contemple controles en cada etapa de la infraestructura tecnológica.
Primer nivel: controlar quién puede ingresar
El primer paso consiste en proteger la identidad digital de empleados y colaboradores. Para ello, muchas empresas implementan modelos como Zero Trust Network Access (ZTNA), cuyo principio es verificar siempre la identidad antes de conceder acceso a aplicaciones o sistemas corporativos.
A este esquema se añaden herramientas como Network Access Control (NAC), que validan el estado de los dispositivos antes de permitir su conexión, y plataformas de Privileged Access Management (PAM), destinadas a proteger las cuentas con privilegios de administrador y registrar todas las acciones realizadas con ellas.
Blindar el perímetro digital
La segunda capa busca proteger los servicios que permanecen expuestos a internet.
Aquí entran en juego los firewalls o cortafuegos, que filtran el tráfico de entrada y salida; los Web Application Firewall (WAF), que protegen las aplicaciones web frente a intentos de explotación de vulnerabilidades; y las plataformas de seguridad para correo electrónico, capaces de detectar enlaces maliciosos, archivos infectados o campañas de phishing antes de que lleguen a los usuarios.
Estas herramientas reducen considerablemente la posibilidad de que un ataque logre ingresar a la red corporativa.
Proteger cada dispositivo conectado
Cada computador, servidor o equipo conectado representa una posible puerta de entrada para los atacantes.
Por ello, los especialistas recomiendan implementar soluciones de Detección y Respuesta de Endpoints (EDR), que monitorean permanentemente los dispositivos para identificar comportamientos sospechosos, aislar equipos comprometidos y contener amenazas antes de que se propaguen al resto de la infraestructura.
Muchas de estas plataformas incorporan inteligencia artificial para reconocer patrones anómalos que podrían pasar desapercibidos para los sistemas tradicionales.
Monitoreo permanente y respuesta inmediata
Otra recomendación consiste en contar con un Centro de Operaciones de Seguridad (SOC), encargado de supervisar continuamente la actividad de redes, aplicaciones y servidores.
Estos centros utilizan inteligencia artificial y motores de correlación para analizar millones de registros diarios, detectar comportamientos anómalos y acelerar la respuesta frente a un incidente.
El monitoreo permanente permite reducir el tiempo entre la detección del ataque y la aplicación de medidas de contención, minimizando así el impacto sobre la operación del negocio.
Corregir vulnerabilidades antes que los ciberdelincuentes
La quinta capa de protección se enfoca en identificar las debilidades antes de que sean explotadas.
Para lograrlo, los expertos recomiendan realizar procesos periódicos de hardening para fortalecer la configuración de servidores y aplicaciones, ejecutar programas de gestión de vulnerabilidades que permitan detectar y corregir fallas conocidas, y desarrollar pruebas de ethical hacking, mediante las cuales especialistas simulan ataques reales para medir el nivel de preparación de la organización.
Estas evaluaciones permiten priorizar riesgos y aplicar medidas correctivas antes de que los ciberdelincuentes encuentren una oportunidad para comprometer los sistemas.
Los especialistas concluyen que una brecha de seguridad ya no representa únicamente un problema tecnológico, sino también un riesgo financiero, operativo y reputacional. Por ello, construir una estrategia de protección basada en múltiples niveles se ha convertido en una de las principales prioridades para las empresas que buscan operar de forma segura en un entorno digital cada vez más expuesto a amenazas.








