Por María Teresa Peña Mora
La modernización del Registro Civil dominicano es un paso histórico, pero enfrenta retos que no se resuelven con tecnología solamente.
El Registro Civil es la institución a través de la cual el Estado cumple con la obligación de garantizar a todas las personas el derecho a la identidad. Tiene como función administrar los actos jurídicos relacionados a las personas, los cuales implican la creación, modificación o extinción de sus derechos fundamentales. Entre estos actos se señalan básicamente: los nacimientos, matrimonios, divorcios, defunciones y reconocimientos.
En República Dominicana el Registro Civil existe desde antes del 12 de abril de 1923, fecha de la creación de la Junta Central Electoral (JCE), pero sus procedimientos fueron formalizados dentro de un esquema hasta el 17 de julio de 1944.
Por casi 80 años, los dominicanos vivimos atados a un sistema de identidad basado en la Ley 659 de 1944, que obligaba a registrar a mano cada nacimiento, matrimonio y defunción. Ese modelo, que en su momento fue útil, con el tiempo se convirtió en un obstáculo.
A los errores de escritura se le suma la fragilidad del papel con el peso del tiempo: la humedad, el polvo y el uso constante deterioraban los libros que guardaban la memoria legal de generaciones, trámites lentos y una burocracia interminable.
Con la promulgación de la Ley 4-23, Orgánica de los Actos del Estado Civil en enero de 2023 cambió el panorama, su entrada en vigor es sin duda un avance histórico para la República Dominicana. Por fin dejamos atrás la tinta y el papel como únicos guardianes de nuestra identidad. Se eliminó el registro manuscrito y nació el registro electrónico con respaldo físico, validado con firmas digitales. La introducción de datos biométricos, la creación del Sistema Nacional de Información y Registro del Estado Civil (SINREC), la eliminación de trámites como la legalización de actas, y la interconexión de instituciones son señales de que el país se mueve hacia un sistema más ágil, transparente y acorde con la era digital y representa un alivio tanto para los ciudadanos como para las oficialías.
Sin embargo, sería ingenuo pensar que la modernización es la solución automática a todos los problemas. La Junta Central Electoral (JCE), ha impulsado medidas que responden directamente a la ciudadanía como la creación de oficinas en consulados y embajadas en el extranjero para la diáspora dominicana y un centro especializado en la expedición de documentos que descongestiona las juntas tradicionales.
En julio de 2025, una resolución agregó otro ladrillo a la modernización: la Resolución 9-2025 dispuso que todas las actas de nacimiento, matrimonio o defunción se emitan en un único formato estándar. Atrás quedaron los tiempos de “extracto” e “inextensa”, documentos que confundían a los usuarios y complicaban trámites administrativos. Hasta aquí, todo apunta al progreso.
- Acta Extracto: Era un resumen del registro civil, incluía los datos precisos necesarios para identificar a la persona, como el nombre y la fecha de nacimiento, y se utilizaba para trámites locales o menos complejos, como la obtención de pasaportes o solicitudes universitarias.
- Acta Inextensa: Era una copia literal del contenido completo del folio del registro civil, la cual contenía toda la información del registro, incluyendo los datos de los padres, el declarante, fechas generales, cualquier anotación marginal y el historial completo de la persona y era el formato preferido por embajadas y consulados para trámites de residencia, ya que ofrecía toda la información necesaria de manera más segura y ahorraba tiempo al evitar cruces de datos.
Pero la modernización también deja interrogantes. ¿Cómo se garantizará la digitalización de millones de registros históricos?, millones de actas manuscritas aún reposan en papel, guardados en estantes y cajas. Si este proceso no se completa, el nuevo sistema corre el riesgo de sostenerse sobre una base incompleta y frágil, pero, ¿qué pasará con las comunidades rurales donde la conectividad es precaria?.
A esto se suma el reto de la ciberseguridad, ¿está el país preparado para enfrentar las amenazas? un registro electrónico centralizado puede ser más eficiente, pero también más vulnerable a ataques que comprometan datos sensibles de toda la ciudadanía.
Y es una preocupación latente, ya que el Reporte Global de Amenazas 2025 de Fortinet, empresa global con sede en EE. UU., líder en ciberseguridad de clase empresarial e innovación de redes, en su último reporte del laboratorio de inteligencia y análisis de amenazas reveló que durante la primera mitad del 2025, República Dominicana fue víctima de 233,5 millones de intentos de ciberataques.
En mi opinión, la modernización del Registro Civil es un logro indiscutible y necesario. Es un paso que coloca al país en sintonía con los estándares internacionales y que responde a una deuda histórica con la ciudadanía. Pero no basta con celebrar la tecnología: hay que garantizar que llegue a todos los rincones, que sea segura y que no repita los vicios de exclusión y burocracia que tanto criticamos en el pasado.
En definitiva, la transformación del registro civil no es solo un cambio tecnológico, sino un desafío cultural e institucional. La digitalización abre la puerta a mayor eficiencia, transparencia y acceso, pero también demanda voluntad política, recursos sostenidos y una ciudadanía vigilante. Si logramos cruzar este puente con seriedad y compromiso, habremos sentado las bases de un sistema moderno y confiable, a la altura de las necesidades de la República Dominicana del siglo XXI.











