Por P. Enerio Vásquez.
El martes veintiuno de octubre no fue un día cualquiera para los mineros de “CORMIDON”, en el Municipio de Maimón, en Bonao, ochenta y dos de ellos quedaron atrapados en un derrumbe bajo tierra, por fortuna los rescataron con vida, sin embargo las horas de terror vividas allá en el túnel, no podrán olvidarse ni para ellos, ni para sus familias.
No es la primera vez, en dos mil veintitrés un colombiano y un dominicano quedaron sepultados en las profundas cuevas de la mina de cinc y cobre de Maimón. Aunque el peligro de las minas subterráneas es latente la empresa debe supervisar las medidas de seguridad en los túneles constantemente a fin de prevenir estos lamentables accidentes.
En las minas, la vida y la muerte son hermanas, ésto bien lo saben los mineros… entonces, ¿Por qué siguen ahí? Mon, me lo dijo con voz triste y entrecortada, tenemos mujer, hijos, familia. Hay que trabajar para vivir… sí, trabajar para vivir. La frase sigue resonando en mi cabeza
Nuestros ancestros aborígenes e indígenas americanos fueron exterminados por la sed de oro de los conquistadores, ellos también trabajaban para vivir unas horas más, hoy sólo son historia de un pasado triste.
Los gobernantes celebran la suerte de un país tan rico, tan bendecido por Dios: “República Dominicana”. Tenemos un yacimiento de Oro que se cuenta entre los más grandes del mundo, en la Provincia Sánchez Ramírez. Los ambientalistas del gobierno aseguran que la explotación de la mina es segura, que el impacto medioambiental es redusiddo a su mínima expresión, que la presa de cola no ofrece peligro alguno, pero esas mismas autoridades le niegan a un experto en el área, exponer sobre el tema, la pregunta es obvia: ¿A qué le temen?
Esteban Polanco, un campesino de las lomas de Blancos en Bonao, ha hecho popular la frase: “una gota de agua vale más que una Onza de Oro”, a pesar de que el precio del metal dorado ronda en estos momentos en cuatro mil cuatrocientos dólares. Es mucho, ¿Verdad? Por eso hay que extraerlo del fondo de la tierra sin importar el costo, el daño al ecosistema, aunque esté en juego la vida, sabiendo que el mercurio es veneno, que el cianuro es altamente contaminante, que araza con la vida medioambiental, mas, eso no importa, después de todo los afectados son humildes campesinos y un país en vía de desarrollo. Estos efectos dañinos, estas aguas residuales no llegan a Canadá ni al Palacio de gobierno.
Cómo dijera el gran Atahualpa Yupamki: “las penas y las vaquitas se van por las mismas sendas, las penas son de nosotros las vaquitas son ajenas “. Cierto, el gobierno asume riesgos medioambientales, subsidia combustibles a la Barrick, sin embargo ellos se llevan el Oro por toneladas, nosotros nos quedamos sin bosques, sin ríos y con montañas aplanadas y grandes Cráteres en la tierra, y como si fuera poco con aguas envenenadas. Ésto, lo saben muy bien los campesinos de el Naranjo y otras comunidades de la Provincia Sánchez Ramírez, en Cotui.
Gracias al cielo contamos con hombres y mujeres, que como Don Esteban Polanco levantan su voz para decir”. “UNA GOTA DE AGUA VALE MÁS QUE UNA ONZA DE ORO”







