Redacción. – Los admiradores de Studio Ghibli, el icónico estudio de animación japonés responsable de obras como “El viaje de Chihiro” y otras películas emblemáticas, celebraron esta semana la llegada de una nueva versión de ChatGPT que les permite transformar memes virales o fotos personales al estilo del célebre fundador de “Ghibli”, Hayao Miyazaki.
Sin embargo, esta tendencia ha suscitado debates sobre las implicaciones éticas de las herramientas de inteligencia artificial (IA) que se entrenan con obras protegidas por derechos de autor, poniendo en duda el futuro de los artistas.
Miyazaki, de 84 años, conocido por su estilo único de animación a mano y sus relatos imaginativos, ha manifestado en diversas ocasiones su escepticismo respecto a la IA en el mundo de la animación.
Janu Lingeswaran, un emprendedor de Aquisgrán, Alemania, no pensó mucho cuando subió una foto de su gato ragdoll de 3 años, Mali, al nuevo generador de imágenes de ChatGPT.
Al solicitar que la imagen se transformara al estilo Ghibli, el resultado fue una imagen de anime que no solo se parecía a su gato, sino también a los entrañables felinos de películas de Miyazaki como Mi vecino Totoro o Kiki: Entregas a domicilio.
“Me encantó el resultado”, comentó Lingeswaran, y añadió que estaba considerando imprimir la imagen para colgarla en su hogar.

Otros usuarios también compartieron sus versiones “Ghiblificadas” de imágenes populares, como una foto del tirador turco Yusuf Dikec con una camiseta casual o el famoso meme de la “Chica del Desastre”, que muestra a una niña sonriendo frente a una casa en llamas.
OpenAI, el creador de ChatGPT, se ha visto envuelto en varias controversias legales sobre derechos de autor relacionados con su chatbot, pero ha impulsado estos experimentos de “Ghiblificación”. Sam Altman, su CEO, incluso cambió su foto de perfil en X (antes Twitter) por un retrato generado al estilo Ghibli.
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En un documento técnico publicado el martes, OpenAI destacó que su nueva herramienta adoptaría un enfoque conservador al imitar la estética de artistas individuales, introduciendo un mecanismo de bloqueo que se activa cuando un usuario intenta generar una imagen al estilo de un artista vivo.
Sin embargo, la compañía también subrayó que permitirá la creación de imágenes inspiradas en estilos más amplios y menos específicos, que los usuarios pueden compartir como obras originales de fanáticos.
Por su parte, Studio Ghibli no ofreció comentarios al respecto.
A medida que las imágenes generadas por IA se compartían en las redes sociales, los comentarios previos de Miyazaki sobre la animación con IA volvieron a resurgir. En 2016, tras ver una demostración de IA, Miyazaki expresó su disgusto, comentando que la tecnología no podía comprender el sufrimiento humano, refiriéndose a una demostración de un movimiento grotesco que imitaba la rigidez de un cuerpo humano.
El abogado Josh Weigensberg, de la firma Pryor Cashman, planteó una pregunta clave: si los modelos de IA se entrenan utilizando obras de Miyazaki o de Studio Ghibli, ¿tienen licencia para ello? Weigensberg explicó que, aunque el “estilo” en general no está protegido por derechos de autor, elementos específicos de una obra, como los fotogramas en “El viaje de Chihiro” o “El castillo ambulante”, podrían ser reconocidos como copias no autorizadas.
La artista Karla Ortiz, quien está demandando a generadores de IA por violación de derechos de autor, acusó a OpenAI de no respetar el trabajo y sustento de los artistas. “Es explotación”, afirmó, destacando el uso del nombre y la reputación de Ghibli para promocionar productos sin consentimiento.
El debate creció aún más cuando la administración de Donald Trump se unió a la tendencia de memes el jueves, publicando una imagen estilo Ghibli de una mujer dominicana llorando mientras era arrestada por agentes de inmigración. La Casa Blanca y OpenAI no ofrecieron comentarios inmediatos sobre la creación de la imagen.
“Ver cómo algo tan brillante como el trabajo de Miyazaki es utilizado de manera tan irrespetuosa para generar algo tan repugnante”, escribió Ortiz, expresando su deseo de que Studio Ghibli demandara a OpenAI por esta explotación.











