El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, tiene previsto llegar este lunes a Pakistán junto a una delegación de alto nivel de la Casa Blanca para una nueva ronda de conversaciones con Irán, en medio de las dudas sobre la participación de Teherán, la creciente tensión en el estrecho de Ormuz y la cercanía del vencimiento del alto el fuego entre ambos países, fijado para el miércoles.
La Casa Blanca confirmó el domingo que Vance encabezará la delegación estadounidense, acompañado por el enviado especial para Oriente Medio, Steve Witkoff, y el asesor Jared Kushner. La confirmación corrigió la versión difundida horas antes por el presidente Donald Trump, quien había descartado la participación de su vicepresidente por “motivos de seguridad”, aunque elogió su papel en las conversaciones: “JD es genial”, declaró a ABC News.
La misión estadounidense parte hacia Islamabad apenas días antes del vencimiento de la tregua de dos semanas que detuvo la guerra iniciada tras los ataques sorpresa de Estados Unidos e Israel sobre Irán el 28 de febrero. La primera ronda de conversaciones, celebrada el 11 de abril en la capital pakistaní, concluyó sin acuerdo.
Sin embargo, desde Teherán todavía no confirmaron su participación. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán informó este lunes que aún no tomó una decisión sobre su asistencia a la próxima ronda de negociaciones con Estados Unidos, al que acusó de no actuar con seriedad frente al diálogo.
“En este momento, mientras hablo, no tenemos ningún plan para la próxima ronda de negociaciones y no se ha tomado ninguna decisión al respecto”, declaró el portavoz de la cancillería, Esmail Baqai, durante su conferencia de prensa semanal. “Aunque se proclaman a favor de la diplomacia y se muestran dispuestos a negociar, Estados Unidos está adoptando actitudes que no denotan en absoluto seriedad a la hora de llevar adelante un proceso diplomático”, agregó.
El domingo, las agencias Fars y Tasnim advirtieron citando a funcionarios iraníes que “el clima general no puede evaluarse como muy positivo” y remarcaron que el levantamiento del bloqueo naval estadounidense constituye una condición previa para cualquier negociación.
La continuidad de ese bloqueo se convirtió en uno de los principales obstáculos para el diálogo. Washington mantiene un cerco naval sobre los puertos iraníes con el objetivo de cortar los ingresos petroleros de Teherán, en respuesta al cierre del estrecho de Ormuz, paso estratégico por donde circula cerca de un quinto del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado.
La tensión aumentó el domingo después de que un destructor estadounidense interceptó al buque iraní Touska, que, según Trump, intentó eludir el bloqueo. En Truth Social, el mandatario afirmó que la nave fue detenida luego de que la Marina estadounidense “abriera un agujero en la sala de máquinas” y añadió: “En este momento, los marines estadounidenses tienen la custodia del buque”.
Trump también sostuvo que el carguero, de bandera iraní, se encuentra bajo sanciones del Departamento del Tesoro por antecedentes de actividades ilícitas.
Desde Teherán, la respuesta fue inmediata. Un portavoz del centro de mando militar iraní advirtió, según ISNA: “Las fuerzas armadas de la República Islámica de Irán pronto responderán y tomarán represalias contra esta piratería armada y el ejército estadounidense”.
La agencia Tasnim informó además que Irán envió drones en dirección a buques militares estadounidenses después de la incautación del Touska. El Ministerio de Exteriores iraní calificó el bloqueo como “una violación” del alto el fuego y como un castigo colectivo ilegal contra la población iraní.
En paralelo, el estrecho de Ormuz permaneció cerrado este domingo. Irán había anunciado su reapertura el viernes, pero volvió a clausurarlo al día siguiente. Autoridades británicas reportaron disparos de la Guardia Revolucionaria contra un petrolero y amenazas contra otras embarcaciones comerciales, mientras los sistemas de seguimiento mostraban la ruta prácticamente vacía.
En Islamabad, las medidas de seguridad se intensificaron ante la llegada de la delegación estadounidense. Las autoridades dispusieron cierres de carreteras y restricciones de tránsito tanto en la capital como en la vecina Rawalpindi. La denominada Zona Roja, área que concentra edificios gubernamentales y diplomáticos, quedó bajo fuerte custodia.
Uno de los puntos centrales de la negociación será el destino del uranio enriquecido iraní. Trump aseguró el viernes que Teherán aceptó entregar cerca de 440 kilogramos del material. “Vamos a conseguirlo entrando en Irán, con muchas excavadoras”, afirmó. Pero la Cancillería iraní rechazó esa versión y sostuvo que las reservas “no serán transferidas a ningún lugar” y que su entrega “nunca fue planteada en las negociaciones”.
Con la tregua a días de expirar y el tránsito energético global bajo presión, la nueva ronda de conversaciones en Pakistán aparece como un intento clave de evitar una nueva escalada militar en la región.











