REDACCIÓN.- Estados Unidos enfrenta una de las tormentas invernales más extensas y severas de las últimas décadas. Cerca de 200 millones de personas en casi 30 estados permanecen bajo alertas climáticas continuas por una combinación de nieve intensa, lluvia helada, frío extremo y vientos peligrosos, un fenómeno que ya impacta el transporte, el suministro eléctrico y la seguridad de millones de hogares.
El sistema se extiende desde las Montañas Rocosas y las Grandes Llanuras hasta la costa este, formando un corredor de alertas de casi 2.900 kilómetros, algo poco frecuente incluso para los estándares invernales del país. “La magnitud geográfica de esta tormenta es excepcional”, señaló el meteorólogo Matthew Cappucci, de MyRadar, a la cadena PBS.
El Servicio Meteorológico Nacional (NWS) advirtió sobre la llegada de “aire potencialmente mortal”, con sensaciones térmicas que podrían descender por debajo de los –46 °C en las llanuras del norte. En amplias zonas del valle del Ohio, el Atlántico Medio y el noreste se esperan acumulaciones de nieve superiores a los 30 centímetros, mientras que estados del sur como Texas, Arkansas y Nuevo México enfrentan un alto riesgo de lluvia helada y aguanieve.
¿Cómo encaja este frío extremo en un planeta que se calienta?
A primera vista, un episodio de frío tan intenso parece contradecir el calentamiento global. Sin embargo, los científicos explican que ocurre lo contrario. El cambio climático altera los patrones atmosféricos, modificando la intensidad, frecuencia y distribución de los extremos climáticos.
Los registros muestran que el invierno es la estación que más rápido se calentó en Estados Unidos. En los 48 estados continentales, los récords de temperaturas cálidas superan ampliamente a los de frío, especialmente en el oeste, donde varias regiones atravesaron los inviernos más cálidos desde que existen mediciones.
Según Bernadette Woods Placky, meteoróloga jefe de Climate Central, los eventos de frío extremo son hoy menos frecuentes, pero no han desaparecido. “Este episodio se parece más a los inviernos que se vivían hace décadas, antes de que el calentamiento global alterara los promedios”, explicó.
El rol del vórtice polar y un Ártico cambiante
La clave está en el vórtice polar, una vasta circulación de vientos que normalmente mantiene el aire ártico confinado en altas latitudes. Cuando esa estructura se debilita o se estira, lóbulos de aire gélido pueden avanzar hacia el sur, impulsados por grandes ondulaciones de la corriente en chorro.
La científica Jennifer Francis, del Woodwell Climate Research Center, indicó que la rápida pérdida de hielo marino en el Ártico juega un papel central en este comportamiento. “Aunque los inviernos son más cálidos en general, otros ingredientes que favorecen el clima invernal extremo están en aumento”, señaló.
El investigador del MIT Judah Cohen agregó que la reducción del hielo en los mares de Barents y Kara, junto con cambios en las nevadas de Siberia, vuelve al vórtice polar más inestable. “No se puede atribuir un evento aislado al cambio climático, pero los dados están cargados”, afirmó.
Infraestructura bajo presión y riesgos amplificados
El impacto sobre la infraestructura es una de las principales preocupaciones. Las autoridades recuerdan el colapso de la red eléctrica de Texas en 2021, que dejó a millones de personas sin energía y causó al menos 250 muertes. Con sistemas menos preparados en varios estados del sur y una alta demanda energética por calefacción, el riesgo de cortes prolongados vuelve a estar presente.
Datos de largo plazo refuerzan esta paradoja climática. En ciudades como Minneapolis y Cleveland, la temperatura más baja del año aumentó más de 6 °C desde 1970, lo que vuelve a estos eventos más raros, pero potencialmente más disruptivos cuando ocurren.
Una advertencia climática
La tormenta invernal que avanza sobre Estados Unidos no contradice el cambio climático: lo expone. Muestra cómo un planeta más cálido puede generar extremos más complejos y peligrosos, capaces de poner a prueba a ciudades enteras.
Para los científicos, comprender esta relación es clave no solo para el debate climático, sino para anticipar riesgos, adaptar infraestructuras y reducir el impacto de eventos que podrían volverse cada vez más severos.











