Yo soy un atrapa cheles, vivo zafaconeando los pesos, y un obrero que a veces piensa un poco. Pero anoche, viendo la inauguración de Santo Domingo 2026, me quedé esperando un derroche del más alto nivel artístico, ese con el que contamos, ese que tenemos la gracia y la bendición de Dios de tener.
Luisín Mejía, que ha recorrido el mundo entero en las aperturas más espectaculares de la historia olímpica, y que es representante olímpico del país y pieza clave de estos juegos, tenía en sus manos la oportunidad de mostrarle al planeta quiénes somos de verdad. Y se quedó corto. El presidente no escatimó ningún esfuerzo: dio todo lo que se le solicitó, y mucho más, para que hicieran un evento donde volara alta la cultura, el folclore y las más grandes estrellas de esta gran nación, de esta isla tan rica en cultura. Cuatro años sobraban para planificarlo bien. No hay excusa que valga.
Faltó conciencia patriótica. Faltó conocimiento cultural. Faltó inteligencia, faltó creatividad, faltó amor y admiración por lo nuestro: por nuestra cultura, por nuestros talentos, por nuestras estrellas, nuestras megaestrellas, nuestras super megaestrellas. ¿Qué le pasó por la mente a Luisín Mejía y a todos los que estuvieron envueltos en la producción de esa apertura? ¿No pensaron, o de verdad no tienen conciencia de quiénes somos, de la riqueza folclórica y musical que tenemos?
Todos los países aprovechan estos escenarios para poner en alto su folclor, su identidad, sus estrellas. Nosotros tenemos un arsenal de talento que ningún país de la región puede igualar, y anoche faltó ver junta, en ese mismo escenario, una constelación de estrellas como Juan Luis Guerra, Romeo Santos, Prince Royce, Milly Quezada, Fernando Villalona, Sergio Vargas, El Torito, Toño Rosario, Los Hermanos Rosario, Anthony Santos, Raulín Rodríguez, Elvis Martínez, Frank Reyes, El Chaval, Wason Brazobán, Yiyo Sarante, Joe Veras, Fefita la Grande, El Prodigio, Darvin la Melodía, Luis Miguel del Amargue, Sexappeal, Cuco Valoy, Don Miguelo, Kinito Méndez, Pochy Familia, Maridalia Hernández, Ángela Carrasco, Michel Camilo, José Antonio Molina, José Alberto El Canario, El Rubio del Acordeón, El Blachy, Ala Jaza, Jossie Esteban, Bonny Cepeda, Charytín Goico, Luis Vargas, Luis Segura, Leonardo Paniagua, Eudy el Invencible, el Conjunto Quisqueya, Kiko El Presidente, Krisspy, Banda Real, La India Canela, Natti Natasha, Wilfrido Vargas y Cardi B, por solo mencionar esos.
La tecnología no es cultura. Los drones, las luces, las pantallas y las telas de colores son adorno, no esencia. La esencia estaba en el Ballet Folclórico Nacional, en los Taimáscaros de Puerto Plata, en los Diablos Cojuelos de La Vega, en los Lechones de Santiago con sus dos grandes bandos, Los Pepines y Los Joyeros, en las Cachúas de Cabral, en Los Pintaos de Barahona, en los Brujos de San Juan de la Maguana, en el Roba la Gallina de Baní, en Los Toros y Los Civiles de Montecristi, que combaten a fuetazos en una de las tradiciones más espectaculares del país, y en el propio carnaval de la capital, con El Califé, Se Me Muere Rebeca y Los Alí Babá. Ahí está lo que nos hace únicos en todo el continente, y ahí era donde había que apuntar la cámara.
Esto no es una queja, es un dato que hay que guardar para el próximo evento de esta magnitud que tengamos en el país. La tecnología impresiona por un momento, pero lo que se queda grabado en la memoria del mundo es la identidad. Esa es la lección de anoche.
Reflexión letal de Luis Medrano. Sean buenos siempre, mantengan la fe.








