Un tráiler es suficiente. Han bastado unas pocas secuencias de Maestro para que cundiera la indignación. La película dirigida y protagonizada por Bradley Cooper que se presentará en el próximo Festival de Venecia quiere recrear la historia de amor entre el compositor de West side story y Felicia Montealegre (a la que da vida carey Mulligan).
Y así parece hacerlo con la pasión debida. Hasta aquí todo correcto. Sin embargo, un pequeño gran detalle ha desatado la polémica. Si se quisiera, se podría hablar incluso de una polémica de narices (con perdón).
En efecto, la prominente prótesis nasal que luce el intérprete ha hecho que haya sido acusado rápidamente de Jewface.
¿Y qué es Jewface? Pues básicamente, y con la distancia debida, el equivalente judío del Blackface. Si El cantor de jazz (el primer ejercicio ortodoxo de cine hablado antes que solo sonoro) convirtió la práctica de pintar la cara a un actor blanco para hacerle pasar por negro en imagen icónica de la infamia, el maquillaje centrado en acentuar la nariz sería el equivalente hebreo.
Prótesis
Hasta qué punto se trata de un nuevo ejemplo de apropiación cultural o de un exceso de sensibilidad queda a discreción del lector. Sea como sea, la controversia está servida… en redes.
Según recoge el periódico británico The Guardian, la primera en protestar ha sido la actriz y activista británica Tracy-Ann Obermann. “Si [Cooper] necesita usar una prótesis nasal, entonces eso es, para mí y para muchos otros, el equivalente a Blackface o Yellowface… si Bradley Cooper no puede [interpretar el papel] actuando solo, entonces que contrate a un actor judío”.
La denunciante recuerda en la red social que el actor fue capaz de dar vida al personaje principal de El hombre elefante sin un sólo añadido y sin nada más que su poder y capacidad interpretativa sobre el escenario.







