El cambio climático estaría contribuyendo al aumento de la frecuencia y la intensidad de las migrañas, de acuerdo con estudios científicos recientes y análisis de especialistas en neurología. En ese sentido, investigaciones citadas por National Geographic indican que el incremento de las temperaturas, las variaciones en la presión atmosférica y el deterioro de la calidad del aire se asocian con un mayor número de episodios de dolor de cabeza en personas con predisposición a este trastorno neurológico.
Asimismo, una revisión sistemática publicada en 2023 reveló que, aunque la prevalencia de la migraña en Estados Unidos se ha mantenido relativamente estable durante las últimas décadas, la severidad de las crisis y el nivel de discapacidad casi se duplicaron entre 2005 y 2018. Cabe destacar que esta tendencia afecta principalmente a las mujeres, aunque también se observa en un número creciente de hombres.
De igual forma, datos presentados en 2024 en el congreso anual de la American Headache Society señalan que un aumento de 5,5 grados Celsius en la temperatura exterior se asocia con un 6% más de episodios diarios de dolor de cabeza, según el seguimiento de 660 pacientes. Por otra parte, un estudio realizado en el Reino Unido, que analizó a más de 407.000 personas durante 12 años, detectó una mayor incidencia de migrañas entre quienes estuvieron expuestos a altos niveles de contaminación atmosférica y a extremos de calor y frío.
Según los especialistas, factores como las temperaturas extremas, los cambios bruscos en la presión barométrica y la mala calidad del aire no provocan directamente la migraña; sin embargo, sí reducen el umbral para que se desencadenen las crisis. En particular, la contaminación puede generar inflamación y estrés oxidativo, procesos que influyen en la aparición y agravamiento de los episodios.
Ante este panorama, los expertos recomiendan a los pacientes identificar sus detonantes ambientales, mantener un seguimiento médico constante y adoptar medidas preventivas en días de calor extremo o elevada contaminación. En conclusión, la evidencia científica sugiere que, en un contexto de creciente variabilidad climática, la migraña se consolida como un problema de salud pública con impacto cada vez mayor a nivel global.











