“De cierto de cierto te digo que el que no naciere de nuevo no puede ver el Reino de Dios”. Juan, 3:3
Que las palabras de Jesús dirigidas a Nicodemo hagan eco en todos los dominicanos (as). Ahora bien, ¿qué es lo que debemos cambiar, en qué, cómo y dónde debemos nacer de nuevo? Quizá sea necesario que las diferentes universidades de la sociedad dominicanas y disciplinas de las ciencias sociales analicen el panorama de nuestra sociedad y arrojen luz para identificar el rumbo que debemos seguir para auto reconstruir nuestra sociedad y encontrar nuestra identidad.
Al finalizar este año no se trata de esperar cambios mágicos, automáticos por el comienzo de un nuevo ciclo en el calendario, es necesario un cambio profundo de actitud frente a la vida, en el trabajo, en el partido político, en la familia, cada individuo debe abrazar el compromiso de ser agente activo de su propia transformación y liberación desde la perspectiva de la buena noticia de Jesús de Nazareth en su opción innegociables con los pobres.
El año que termina nos dejó un nuevo código penal cerrando así decenas de años de espera. Nuevas leyes en el sector de los alquileres e inquilinos. Aún falta mucho en este sentido pero vamos avanzando.
Sin embargo, terminamos el año con uno de los escándalos más grandes de corrupción de la historia dominicana, (el caso de SENASA). La violación de nuestra soberanía con la entrega parcial de los Aeropuertos de San Isidro y el de Las Américas a la defensa de los EE.UU.
Por otro lado, terminamos el año con la mayor inflación registrada en los últimos tiempos elevando el nivel de pobreza de la población.
Un año de mucha tensión en el campo migratorio sobre todo en el caso de los haitianos.
Un aumento de los casos de violencia en todo el País. Una muerte interracial que consternó a la ciudad de Santiago, a la comunidad educativa y a todo el país, la estudiante de 11 años del Colegio Leonardo Da Vinci, Stemphora, aun envuelta en densos nubarrones.
Este año nos deja una carta pastoral contundente de la Iglesia Católica Apostólica Nacional y Caribeñas, ICABN, Diócesis Padre Montesinos, que preside el Obispo del pueblo, Monseñor Rogelio Cruz.
El año que termina nos ha dejado múltiples experiencias vividas, por lo que debemos sentirnos agradecidos (as) porque sin importar que hayan sido gratificantes o no, estamos llamados a aprender de nuestras experiencias y ese es nuestro mayor bien.
En cuanto al año que comienza pongamos una actitud de confianza, de optimismo y esperanza activa no esperemos cambios mágicos, el éxito depende de nuestra acción, no se podrán obtener resultados diferentes si seguimos los mismos patrones de conductas, los mismos hábitos del pasado.
Construyamos una sociedad en la que no sólo se exijan derechos, sino también deberes.
“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo no puede ver el Reino de Dios”. Juan. 3:3.
Padre, Enerio Vásquez.







