La Haya, Holanda.– En una cumbre marcada por la presión estadounidense, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) aprobó este miércoles un aumento significativo en el gasto militar de sus 32 Estados miembros, comprometiéndose a alcanzar un 5% de sus respectivos PIB nacionales para el año 2035.
La medida, impulsada fuertemente por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, representa un cambio drástico respecto al objetivo anterior del 2%, que solo 22 países habían alcanzado hasta el año pasado. Ahora, los miembros europeos y Canadá deberán redoblar esfuerzos, tanto en inversión militar directa (3.5%) como en infraestructura, innovación y seguridad fronteriza (1.5%).
“Es una victoria monumental para Estados Unidos. Estábamos cargando con mucho más que nuestra parte justa”, proclamó Trump en una rueda de prensa tras el encuentro.
El presidente estadounidense fue protagonista de una cumbre que, según observadores, fue diseñada para agradarlo y evitar tensiones que pudieran comprometer los acuerdos. Incluso, fue alojado en un palacio de la familia real holandesa y recibió elogios desmedidos, entre ellos del primer ministro neerlandés Mark Rutte, quien llegó a llamarlo “papito”.
España en el ojo del huracán
La posición del gobierno español generó roces con Washington. Trump criticó duramente la decisión de España de limitar su gasto militar al 2.1% del PIB, asegurando que “pagará en el ámbito comercial” por no cumplir con la nueva meta.
Desde La Haya, el presidente Pedro Sánchez defendió su postura, calificando como un “error” comprometerse con una meta de gasto sin considerar primero las capacidades estratégicas necesarias.
“Una alianza se basa en qué capacidades necesitamos aportar, no sólo en cuánto se gasta”, declaró Sánchez, quien mantuvo un perfil bajo y evitó incluso saludar a Trump durante la cumbre.
La sombra de Rusia y la omisión de China
La declaración final de la cumbre fue mucho más breve que en ocasiones anteriores, con solo cinco párrafos. En ella, se identificó a Rusia como una amenaza a largo plazo para la seguridad euroatlántica y se reiteró el respaldo a Ucrania, aunque el rol del presidente Volodimir Zelenski fue limitado durante el evento.
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Curiosamente, la declaración omitió referencias a amenazas como China, Irán y Corea del Norte, y no incluyó compromisos sobre cambio climático o igualdad de género, lo que marcó un giro respecto a cumbres anteriores.
Trump e Irán: entre bombardeos y posibles diálogos
En paralelo, Trump anunció que su gobierno reanudará contactos con Irán en la próxima semana, tras bombardear instalaciones nucleares en ese país. Afirmó que dichos ataques retrasaron “décadas” el programa nuclear iraní y elogió la tregua vigente entre Irán e Israel.
“Está funcionando muy bien. Ambos están agotados por el conflicto”, aseguró.
Una OTAN rediseñada para Trump
Todo el diseño de la cumbre pareció orientado a complacer al mandatario estadounidense, desde el formato reducido hasta el protocolo. La figura de Trump dominó cada etapa del evento, con aliados como Rutte reforzando su liderazgo y reconociendo su influencia para elevar el gasto militar en la alianza.
Con esta decisión, la OTAN entra en una nueva etapa, marcada por un mayor peso del gasto militar, una redefinición de prioridades estratégicas y una clara influencia estadounidense en sus decisiones fundamentales.











