“Trabajo como un burro, el negocio vende bien, pero nunca hay dinero”.
Eso fue lo que me dijo Juan, dueño de una MiPymes dominicana, cuando llegó a consulta. Su negocio estaba lleno de clientes, facturaba todos los meses y aun así vivía corriendo para pagar alquiler, suplidores y empleados. Una historia muy común en nuestro país.
El primer problema de Juan no era la falta de ventas, sino que vendía a crédito y cobraba tarde. Muchos clientes pagaban a 30, 60 y hasta 90 días, mientras los gastos no esperaban. En el papel, el negocio se veía bien; en la cuenta bancaria, el dinero nunca alcanzaba. En República Dominicana, esta práctica es frecuente y termina asfixiando a muchas MiPymes.
A esto se sumaba otra confusión muy común: creer que tener utilidad es lo mismo que tener dinero. Juan veía números positivos en su reporte, pero ese dinero estaba comprometido en facturas pendientes de cobro, inventario y pagos atrasados. La utilidad existía, pero no estaba disponible cuando había que pagar la nómina o la luz.
Otro gran error era mezclar el dinero del negocio con el dinero personal. Sin un sueldo fijo, Juan sacaba dinero según la necesidad del momento: supermercado, colegio de los muchachos, gasolina, tarjeta de crédito. Poco a poco, el negocio se iba quedando sin efectivo y la sensación era que “el negocio no deja”, cuando en realidad estaba sosteniendo demasiadas cosas a la vez.
El flujo de caja tampoco se llevaba de manera organizada. No había claridad de cuándo entraba el dinero ni de cuándo salía. Algunos meses se cobraba bien al final, pero los compromisos fuertes vencían antes. Esto obligaba a usar préstamos y tarjetas para cubrir gastos diarios, convirtiendo la deuda en una solución permanente y no en una herramienta estratégica.
Además, los precios no estaban correctamente calculados. Juan vendía mucho, pero sin incluir todos los costos reales: gastos fijos, impuestos, imprevistos y desgaste operativo. Cada venta generaba movimiento, pero dejaba poco margen. En muchos casos, mientras más vendía, más corto se quedaba.
Con el tiempo, el negocio empezó a sobrevivir a base de financiamiento. Préstamos para pagar nómina, adelantos para cubrir alquiler y tarjetas para tapar huecos. El negocio seguía vendiendo, pero cada vez tenía menos control y más presión financiera.
La historia de Juan representa a miles de emprendedores y MiPymes dominicanas. Negocios que no están mal, pero tampoco están bien organizados financieramente. El problema no es vender, es no saber manejar el dinero que entra.
Un negocio saludable no es el que más factura, sino el que cobra a tiempo, paga con orden y entiende sus números. Cuando el emprendedor dominicano organiza sus finanzas, separa lo personal de lo empresarial y controla su flujo de caja, deja de vivir “apretao” y empieza a construir estabilidad.
Porque el dinero en los negocios no se pierde… se desorganiza.
Dorka Margarita Corletto Báez
CEO Finanzas On Point











