La elección entre té frío o caliente no solo responde al gusto, sino que también modifica la cantidad y el tipo de compuestos bioactivos presentes en la bebida, afectando potencialmente la salud cardiovascular y cerebral, según un estudio de la Universidad de Pisa publicado en Food Chemistry.
La investigación indica que el té infusionado en frío preserva mejor la vitamina C y ciertos aminoácidos sensibles al calor, mientras que el té caliente libera más epigalocatequina galato y teaflavinas, compuestos antioxidantes asociados con beneficios cardiovasculares. En ambos casos, los polifenoles y flavonoides presentes contribuyen a reducir la presión arterial, disminuir la inflamación sistémica y mejorar la función endotelial, lo que se relaciona con menor riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.
Estudios adicionales publicados en The American Journal of Clinical Nutrition sugieren que el consumo regular de té verde o negro también podría proteger frente al deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson.
Los expertos destacan que no existe un método de preparación superior de manera general; los beneficios dependen del tipo de hoja, calidad, tiempo y temperatura de infusión. Lo importante es mantener un consumo constante y moderado, dentro de un estilo de vida saludable.
En cuanto a la experiencia sensorial, el té frío suele ser menos amargo, más suave y menos ácido, mientras que el caliente extrae más taninos, responsables del sabor astringente. Esto permite a los consumidores elegir la preparación según sus preferencias personales sin comprometer los beneficios para la salud.







