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La República Dominicana volvió a brillar en el escenario internacional, esta vez en la I Feria Gastronómica “Sabores que nos unen”, organizada por el Parlamento Centroamericano (Parlacen) en San Salvador. Nuestro stand fue un derroche de sabor, color y cultura. Allí estuvieron presentes el sancocho, el mangú, el merengue, la calidez y esa alegría contagiosa que nos define como pueblo.

Pero entre tanto orgullo y representación digna de nuestra tierra, también hubo una ausencia que no pasó desapercibida: la del Ministerio de Turismo y su titular, David Collado.
En un evento de esta magnitud, donde la gastronomía se presenta como embajadora cultural y plataforma de promoción turística, resulta incomprensible —y francamente decepcionante— que el principal órgano encargado de proyectar la imagen del país a nivel internacional haya estado ausente. Ni una delegación, ni una mención, ni siquiera una nota de respaldo institucional. Nada. Cero apoyo.
Postdata. En honor a la verdad, el Mitur ofreció apoyo económico; pero necesitaba algo más que dinero…la voluntad estatal!
El diputado al Parlacen, Dr. Ismael Reyes Cruz, junto con la delegación dominicana, asumió con gallardía y sentido patriótico la representación de nuestra nación.

Su entusiasmo y compromiso lograron que el stand dominicano fuera uno de los más visitados y aplaudidos. Pero, ¿por qué el peso de esa responsabilidad cayó solamente sobre los hombros de nuestros representantes parlamentarios y colaboradores? ¿Acaso el Ministerio de Turismo no es corresponsable de fortalecer esta clase de plataformas que exaltan nuestro patrimonio y nos posicionan como potencia cultural del Caribe?
David Collado ha sabido proyectar una imagen eficiente y activa en otros escenarios, especialmente en ferias comerciales de gran escala como FITUR o la ITB de Berlín, pero parecería que las expresiones de diplomacia cultural o las iniciativas del Parlamento Centroamericano no están en su radar. Craso error.
La diplomacia turística no solo se ejerce en las grandes vitrinas del turismo internacional; también se construye en estos espacios donde los pueblos se reconocen por su sazón, su música y su gente.
La Feria Gastronómica del Parlacen no fue un evento menor. Se trató de un encuentro de integración regional que apostó por la identidad, el sabor y la hermandad centroamericana como ejes de desarrollo y colaboración. ¿No es eso, acaso, turismo también? ¿No es eso una oportunidad de oro para seguir promoviendo la marca país más allá del sol y la playa?
Es hora de repensar nuestras prioridades. Mientras otras naciones enviaron representaciones oficiales de turismo o, al menos, algún tipo de respaldo institucional, la República Dominicana dependió una vez más del esfuerzo y la pasión de su gente. Esa que, sin muchos recursos, logra lo imposible. Pero no siempre puede ni debe ser así.
El éxito del stand dominicano en esta feria fue un triunfo de la dominicanidad y la buena voluntad. Sin embargo, no deja de ser un recordatorio amargo de cómo nuestras autoridades, muchas veces, están más pendientes del marketing personal que de cumplir con su verdadero rol: apoyar, acompañar y proyectar a su país en cada rincón del mundo.
El Ministerio de Turismo tiene que estar donde esté la patria. Y en San Salvador, en esa fiesta de sabores, lo cierto es que no estuvo. Y se notó.











