Por Padre Enerio Vásquez
Patricia, no lo imaginó, era real, había ido a la fiesta a celebrar un cumpleaños y ahora estaba ahí, en el lugar de tormento y crujir de dientes y no era una pesadilla de la que se podía despertar fácilmente. La fatídica noche del ocho de abril no se olvidaría jamás, esta noche el techo del Jet Set se desploma sobre centenares de inocentes y lo deja atrapado en la sombra oscura de su silueta siniestra, una nube de polvo, escombros y acero retorcidos.
El panorama no podía ser más aterrador, Patricia, no podía salir, no tenía movilidad en sus extremidades inferiores, pesados trozos de cemento se lo impedían y el cuerpo sin vida de alguien que no había tenido mejor suerte. El griterío era ensordecedor, voces que pedían ayuda, madres llamando a sus hijos, esposas a sus maridos y jóvenes nombrando a sus padres, lamentos, quejidos de dolor y voces preguntando: ¿Qué pasó? ¿Qué es esto? No hubo respuesta, sólo lamento, gritos, dolor y ese aire nauseabundo, enrarecido cada vez menos respirable, una mezcla diabólica de mugre, polvo, sangre caliente recién salida de los cuerpos heridos, bebidas gaseosas, el jugo de las uvas y el alcohol.
Patricia seguía ahí, las horas pasaban, su dolor aumentaba….en medio del caos encuentra su móvil y pudo llamar a su marido que por más cerca estaba en los Estados Unidos. “Amor espérame, voy en camino”. Era una voz de esperanza, debía luchar por su vida, su marido, su hijo y sus padres la esperaban. Por fin, llegaron hasta ella los rescatistas, comenzaron a quitar escombros poco a poco, la estructura estaba podrida y se desmoronaba con facilidad, tiraron de sus brazos pero su pierna no cedía….retiren ese cuerpo pudo decir: -ya está muerto dijeron- si pero está sobre mí. Durante siete horas, estuvo bajo los escombros, pero su calvario, a seis meses está lejos de terminar, quizá no termine nunca más mientras viva, como ella nos dijo: “las heridas del cuerpo pueden sanar hasta cicatrizar, pero las heridas del alma seguirán conmigo como mi sombra.
Ana María Ramirez, una joven abogada permaneció tres horas atrapada, recuerda que en su mesa estaba sentada una de las dueñas del Jet Set, pero se marcho’ sin decir nada y Ana se pregunta: ” es que sabía que ésto podia pasar”.
El juez que recibió el caso lo califico’ como un crímen involuntario, eso implica la libertad casi inmediata de los imputados y una garantía económica, algo insignificante para quiénes lo único que no le hace falta es dinero.
Cómo Patricia y Ana hay otros sobrevivientes, niños huérfanos, viudas…. Como ven el drama sigue. Entienden, por qué? Lo del Jet Set no se debe olvidar, por qué debemos insistir en pedir justicia y dignidad para la memoria de los caídos y soluciones concretas para los sobrevivientes y familiares de las víctimas.
Háganos caso Señor Gobierno, magisdos del ministerio público, señoras y señores del pueblo. Este no es el pedido caprichosos de un grupo de curas sin oficio, es el grito de un pueblo frente a la catástrofe más grande ocurrida en el País Dominicano. La Diócesis Padre Montesinos encabezada por el obispo del pueblo Monseñor Rogelio Cruz, seguirá elevando su voz a la luz del Evangelio por los caídos para que no sean olvidados, por los sobrevivientes que arrastran lecciones y traumas de por vida
Mientras tanto las voces y lamentos de esa noche infernal se continúan escuchando en la mente de Patricia y Ana y en los corazones sensibles de un pueblo solidario que sufre y espera.







