Por P. Enerio Vásquez
Y dijo Dios, hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que mande en los peces del mar y las aves del cielo, y a las bestias, a las fieras salvajes, y a los reptiles que se arrastran por el suelo. Y creó Dios al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó. Macho y hembra lo creó. Génesis, 1, 26-27. (Subraye macho y hembra)
Una mirada al refranero popular dominicano nos deja al descubierto la valoración y el pensamiento antropológico cultural de nuestra sociedad en cuanto a su visión de la mujer. Todos conocemos el dicho: ” la mujer es de la casa, y el hombre de la calle” o aquello de: ” Dios y hombre, mujeres y tuzas” o bien…”las mujeres son como las avispas, si las sueltan vuelan y si la aprieta pican”, Estribillos en nuestros merengues que minimizan la personalidad femenina, que la reducen a un mero objeto de placer: “las mujeres son como digo yo aunque estén queriendo diciendo que no” o el venao …”que no me digan los vecinos el venao, eso a mí me mortifica” o lo de: ” y si se comen la soga, amarrarlas con cadena y si también se la comen pues suéltala que no hay pena. Pero, ¿Es cierto que las mujeres no tienen firmeza en sus decisiones, que es una personalidad volubles, que la infidelidad es cosa sólo de mujeres o que e’sta sólo afecta a los hombres, o que se tenga que amarrarlas?
Una monumental contradicción, no podemos vivir sin las mujeres, pero nos empeñamos en ignorar su valía, en reconocer sus legítimos derechos, irónicamente decimos detrás de cada gran hombre, siempre hay una gran mujer “. Es hora de decir las cosas como son: detrás de cada gran mujer, suele haber un gran hombre.
Ellas tienen el valor de parir un hijo pero, décimo que son débiles. En nuestras universidades las estadísticas de la matrícula de educación superior se leen que de cada cien estudiantes sesenta son mujeres, pero seguimos afirmando que no son tan inteligentes como los machos. Ellas han incursionado con éxito en diversas áreas laborales consideradas hasta hace poco exclusivas para los hombres ( la mecánica, piloto de aviación, robótica, aeronáutica espacial, política) la lista es interminables pero seguimos con la narrativa de que no pueden. Pero hay más, no se entiende por qué?a la hora de valorar el trabajo femenino en términos salariales, éste valga menos que el de los hombres, cómo es posible que a igual trabajo y horario a la mujer se le pague menos.
Aunque estoy convencido que las variables detrás de la violencia intrafamiliar y los irracionales feminicidios son múltiples y variadas, me atrevo a incluir una más: el miedo. En las últimas décadas el empuje, el empoderamiento de la mujer ha sido colozal, de una magnitud tal, que resulta difícil de asimilar para una sociedad patriarcal acostumbrada a que los hombres (los machos) manden y dirijan. Esto, ha generado miedo, temor a ser desplazado y ese miedo se ha trastocado en violencia en intimidación; pero, llegó el momento, llegó la hora de aceptar definitivamente: “Dios también dijo, Mujer







