Por Padre Marino Alcántara
Iglesia Católica Apostólica Nacional
Vivimos en una sociedad distraída, acelerada y fragmentada. Zygmunt Bauman la llamó sociedad líquida: nada permanece, todo se desliza entre los dedos. En medio del bombardeo permanente de noticias, fake news, polémicas efímeras, algoritmos que moldean deseos y redes que dictan emociones, el ser humano corre… pero por dentro está vacío. Es una época en la que pocos se detienen más de tres minutos en un tema esencial. Una cultura del “like”, pero no del encuentro. Una era de infocracia, pero no de sabiduría.
La persona contemporánea vive atrapada entre pantallas, identidades fragmentadas, confusiones sobre género, tensiones morales, crisis familiares y un ruido que impide escuchar lo más profundo: la propia conciencia. Surgen nuevas formas de zombificación emocional y espiritual: gente viva por fuera, pero desconectada por dentro.
Frente a este escenario, la pastoral evangelizadora tiene un desafío irrenunciable: volver a humanizar desde el Evangelio. No se trata de competir con la velocidad del mundo, sino de ofrecer espacios de lentitud, silencio, discernimiento y encuentro real. Evangelizar hoy exige ternura, claridad ética, acompañamiento cercano y la valentía de hablar con simplicidad en medio del ruido.
La nueva pastoral debe priorizar cinco acciones esenciales:
1. Escuchar antes que juzgar.
2. Acompañar antes que imponer.
3. Humanizar donde la tecnología despersonaliza.
4. Iluminar con verdad donde reina la confusión.
5. Despertar la interioridad donde muchos viven anestesiados.
Evangelizar en tiempos líquidos no es gritar más fuerte; es encender pequeñas luces que permanezcan. En un mundo acelerado, la fe sigue siendo el único lugar donde el corazón puede detenerse y descansar.







