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Por qué algunas personas prefieren no armar el arbolito de Navidad

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Aunque para muchos la Navidad es sinónimo de ilusión y celebración, para otras personas este período puede despertar estrés, nostalgia o simplemente falta de entusiasmo. Armar el arbolito, uno de los rituales más tradicionales de la temporada, no siempre genera alegría y, según especialistas en salud mental, las razones son más comunes de lo que se cree.

El doctor Rolando Salinas, jefe de Salud Mental del Hospital Alemán, explica que las fiestas suelen venir acompañadas de tensiones propias del cierre del año: organización de reuniones, balances personales y laborales, y expectativas sociales que exigen mostrarse alegre. A esto se suman los duelos por familiares fallecidos, vínculos rotos o la distancia de seres queridos que emigraron que muchas veces se intensifican en diciembre y hacen más difícil conectar con el espíritu festivo.

Pero no todo se resume a la tristeza. También hay cansancio acumulado, agotamiento por las responsabilidades cotidianas y una sensación de saturación emocional que puede llevar a algunas personas a evitar rituales como la decoración navideña. Para quienes viven solos, la falta de compañía suele acentuarse en este período, lo que vuelve aún más evidente la distancia con la imagen de “familia feliz” que rodea a las fiestas.

El sociólogo Thomas Henricks, de la Universidad de Elon, describe distintos perfiles que emergen en esta época: quienes intentan tener todo bajo control y buscan que las fiestas se desarrollen a la perfección; quienes se sienten ajenos a las celebraciones y prefieren mantenerse al margen; quienes participan por compromiso más que por deseo; y quienes llegan sobrecargados por las exigencias económicas, sociales y emocionales de fin de año. Todos comparten un factor: la presión por cumplir con expectativas que no siempre coinciden con su propio estado emocional.

Frente a esto, los especialistas recomiendan bajar las exigencias, priorizar lo que realmente importa y buscar una forma de vivir la Navidad que resulte auténtica para cada uno. No se trata de renunciar a las celebraciones, sino de adaptarlas a los propios tiempos, deseos y necesidades. En definitiva, entender que no hay una única manera de transitar diciembre es clave para vivirlo con menos presión y más bienestar.

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