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Qué le ocurre al cuerpo cuando se aplaza la alarma varias veces, según los expertos

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Aplazar la alarma al despertar es una costumbre extendida en todo el mundo. Para muchas personas, esos minutos extra en la cama parecen inofensivos, pero especialistas en sueño advierten que este hábito puede influir en el reloj biológico, la energía diaria y la calidad del descanso.

Un análisis citado por The New York Times indica que más de la mitad de los adultos aplazan la alarma al menos una vez por noche. De hecho, un estudio internacional que siguió los patrones de sueño de más de 21.000 personas durante seis meses reveló que esta práctica ocurrió en más del 50% de las noches, con un promedio de 2,4 aplazamientos antes de levantarse definitivamente.

Quienes suelen posponer el despertador presentan perfiles variados, aunque predominan las personas que se acuestan tarde, duermen poco o se despiertan varias veces durante la noche. En muchos casos, el “snooze” funciona como una estrategia para suavizar el despertar o compensar la falta de descanso, más que como un simple hábito.

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Desde el punto de vista médico, aplazar la alarma puede interrumpir la fase REM del sueño, fundamental para la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional. Según la especialista Rebecca Robbins, esta interrupción fragmenta el descanso y hace que el cuerpo vuelva a una etapa de sueño más superficial, lo que reduce su efecto reparador y puede aumentar la sensación de cansancio al iniciar el día.

Además, los expertos advierten que cuando el retraso del despertar supera los 30 minutos de forma habitual, el ritmo circadiano puede desajustarse. Esto puede traducirse en dificultad para dormir por la noche, fatiga persistente y menor rendimiento durante la jornada.

No obstante, algunos especialistas matizan estas conclusiones. La neuróloga Cathy Goldstein señala que no existen pruebas concluyentes de que perder unos minutos de sueño REM tenga un impacto significativo en el estado de ánimo o las capacidades cognitivas. Incluso, algunos estudios sugieren que, en personas bien descansadas, un breve periodo adicional de sueño ligero puede ayudar a reducir la sensación de letargo al despertar.

Para otros expertos, como Shelby Harris, posponer la alarma suele ser un síntoma de problemas de sueño subyacentes, como insomnio, apnea del sueño o el efecto de ciertos medicamentos. En estos casos, recomiendan priorizar la higiene del sueño, mantener horarios regulares, evitar la cafeína en la tarde y crear un entorno adecuado para descansar.

En conclusión, aplazar la alarma ocasionalmente no representa un problema grave, pero hacerlo de manera constante puede ser una señal de que el cuerpo no está descansando lo suficiente. Si la dificultad para levantarse persiste, los especialistas aconsejan consultar a un profesional de la salud para identificar la causa y mejorar la calidad del sueño.

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