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Acuerdo de Argentina con EE.UU. no traerá ventas rápidas, sino más inserción global

El informe subraya que el acuerdo debe interpretarse dentro de una estrategia más amplia de apertura económica y alineamiento internacional.

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REDACCIÓN.- Dos estudios analizaron los posibles efectos de los recientes acuerdos comerciales que involucran a la Argentina: el entendimiento entre el Mercosur y la Unión Europea y el acuerdo bilateral de comercio e inversiones firmado con Estados Unidos en Washington por el canciller Pablo Quirno.

Uno de los informes, elaborado por Jorge Vasconcelos, economista jefe del Ieral de la Fundación Mediterránea, pone el foco en el plano real de la economía.

Señala que, tras casi un año de estancamiento en el nivel de actividad y con una marcada divergencia entre sectores, el país necesita herramientas potentes para reactivar la oferta.

Según el análisis, pese a los cambios estructurales recientes, la economía no logró suficiente flexibilidad del lado de la oferta. La evidencia es un persistente 40% de capacidad ociosa en la industria.

En teoría, con plantas subutilizadas, las empresas podrían responder a la demanda cubriendo solo costos variables, pero eso no ocurre. Entre las razones menciona la “inflexibilidad a la baja” de insumos clave, carga tributaria y riesgo país, factores que también inciden en licitaciones vinculadas a Vaca Muerta.

Para Vasconcelos, se necesitan instrumentos que aceleren la reconversión productiva y promuevan mayor flexibilidad, involucrando tanto a empresas como a trabajadores.

El “equilibrio benéfico”

El informe sostiene que sostener un mejor nivel de actividad requerirá financiar en los próximos años un déficit de cuenta corriente de entre 2% y 3% del PBI. Esto permitiría recomponer reservas sin repetir un ajuste como el de 2024.

El problema es que el ahorro interno no alcanza para elevar la inversión por encima del 20% del PBI. Por eso, el financiamiento del rojo externo debería apoyarse crecientemente en Inversión Extranjera Directa (IED) y en ingreso neto de capitales.

En el frente financiero, el estudio recomienda aprovechar la baja del riesgo país para extender plazos de deuda pública.

Aunque el presidente Javier Milei descartó emitir a los niveles actuales, Vasconcelos considera que alargar vencimientos sería relevante en términos de expectativas, con impacto también sobre la economía real. Hasta fin de año restan vencimientos por casi USD 8.000 millones y otros USD 15.000 millones en 2027, sin contar pagos a organismos.

Exportabilidad antes que ventas

En ese marco se inscriben los acuerdos con la UE y con EEUU. Si avanzan, sostiene el informe, podrían canalizar inversiones hacia sectores con ventajas competitivas y contribuir a aumentar la “exportabilidad” de la economía.

Esto implica abandonar definitivamente el modelo de sustitución de importaciones y avanzar hacia una estructura productiva con mayor proporción de bienes y servicios transables, capaces de competir en el mercado global. Actualmente, esos sectores —industria manufacturera, agro, pesca y minería— representan apenas el 23,9% del PBI.

Para que esa participación crezca, será necesario corregir sesgos anti-exportación y aceptar que mayores exportaciones implican también mayores importaciones, producto de la especialización.

El diagnóstico es claro: la exportabilidad argentina es limitada, tanto en bienes como en servicios. Las exportaciones de “servicios reales”, como turismo y economía del conocimiento, aportan poco más del 2% del PBI, frente al 8% en Uruguay. Un mayor comercio exterior, además, ampliaría el “colateral” disponible para acceder a financiamiento externo.

La clave no es solo exportar más, sino hacerlo en volúmenes capaces de dinamizar sectores rezagados —como construcción, industria y comercio— que hoy pesan negativamente sobre el nivel de actividad. Las reformas procompetitividad, como la laboral, tendrían mayor impacto si se articulan con sectores con escala exportadora sostenida.

El acuerdo con EEUU: impacto acotado en el corto plazo

Un segundo informe, de la consultora Invecq, analiza específicamente el acuerdo con EEUU y sus implicancias arancelarias.

En materia de bienes, Argentina eliminará aranceles para ciertos productos estadounidenses desde la entrada en vigor, reducirá otros al 2% y mantendrá algunos bajo el régimen de Nación Más Favorecida.

Varios productos se administrarán mediante cuotas, con arancel cero hasta cubrir cupo, destacándose carne vacuna, vino y vehículos. Además, se eliminará la tasa de estadística en un plazo máximo de tres años.

Según Invecq, el acuerdo no implicaría —al menos en principio— una apertura de tal magnitud que modifique sustancialmente el comercio bilateral en el corto plazo. Más allá del caso de la carne, donde la ampliación de la cuota podría tener impacto relevante, la liberalización luce focalizada y condicionada.

Por eso, el entendimiento difícilmente sea un “game changer” comercial inmediato. Sin embargo, podría reducir fricciones regulatorias y mejorar el acceso a determinados nichos.

Más señal estratégica que shock comercial

El informe subraya que el acuerdo debe interpretarse dentro de una estrategia más amplia de apertura económica y alineamiento internacional.

Los compromisos regulatorios, de inversiones y de armonización normativa apuntan a profundizar el vínculo con Washington más allá del comercio de bienes. En ese sentido, el acuerdo funciona menos como un instrumento comercial de impacto inmediato y más como una señal de posicionamiento internacional.

Sus efectos potenciales, concluye, podrían verse en el acceso al financiamiento, la atracción de inversión extranjera y la inserción global de la economía argentina.

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