Madrid. – Un estudio internacional con participación de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) concluye que los primeros seis meses son el periodo “clave” para consolidar cambios duraderos en la alimentación y la actividad física. La investigación, publicada en Annals of Behavioral Medicine, identificó cinco patrones de comportamiento que determinan la efectividad y sostenibilidad de los hábitos saludables.
El análisis se realizó sobre 439 adultos que participaron en el programa PROPEL, un plan intensivo de seguimiento presencial y digital desarrollado en Estados Unidos. Los participantes fueron evaluados durante dos años para observar cómo evolucionaban sus hábitos de ejercicio y dieta.
Los resultados destacan que quienes logran constancia durante los primeros seis meses presentan mayores probabilidades de mantener los cambios a largo plazo, mientras que quienes abandonan antes de este periodo tienden a retroceder hacia hábitos previos.
El estudio identificó cinco trayectorias principales:
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Constancia desde el inicio: actividad física regular y reducción de grasas sostenidas.
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Hábitos irregulares: avances iniciales que no se mantienen de forma estable.
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Alta adherencia combinada: actividad física intensa y dieta saludable, con tendencia a disminuir la actividad tras seis meses.
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Mejoras temporales: avances iniciales que retroceden posteriormente.
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Poca mejora: inactividad y alta ingesta de grasas durante todo el periodo.
Los autores subrayan que no existe una única estrategia para todos, y que identificar diferentes trayectorias permite diseñar programas personalizados y detectar a quienes requieren mayor apoyo para evitar recaídas.
Los expertos recomiendan establecer metas realistas, hacer seguimiento de los progresos, contar con apoyo social y aprovechar herramientas digitales para favorecer la adherencia. Mantener hábitos saludables durante los primeros seis meses aumenta los beneficios fisiológicos, como control del peso y mejora del metabolismo, y psicológicos, incluyendo mayor energía y bienestar emocional.
El estudio refuerza la importancia de la constancia inicial como factor determinante en el éxito de programas de vida saludable y ofrece pistas para diseñar estrategias que puedan aplicarse de forma práctica en atención primaria y programas de salud pública.







