REDACCIÓN.- La industria de los suplementos alimenticios se ha convertido en un negocio multimillonario, pese a que en muchos casos carece de respaldo científico y puede representar riesgos para la salud.
Según el experto Juan Revenga, estos productos se comercializan con controles más bajos que los medicamentos y, salvo en casos específicos como deficiencias nutricionales, embarazo o dietas restringidas, no están justificados para el consumo general.
Estudios citados revelan que una alta proporción de suplementos está adulterada: más del 80% de los destinados al rendimiento sexual contienen sustancias no declaradas, mientras que en productos para adelgazar la cifra supera el 20%. En el ámbito deportivo, entre el 14% y el 50% presenta componentes dopantes.
A pesar de su popularidad, no existe evidencia sólida de beneficios en la población sana. Investigaciones con miles de consumidores indican que la mejoría percibida responde principalmente al efecto placebo.
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El auge del mercado se ha visto impulsado por redes sociales e influencers, quienes promocionan estos productos sin necesidad de formación sanitaria.
La regulación actual permite su venta sin demostrar eficacia clínica, y numerosos estudios evidencian que gran parte de la publicidad incumple normativas.
Expertos advierten que el consumo masivo responde más a estrategias de marketing que a necesidades reales de salud, en un contexto donde la mayoría de la población tiene acceso a una alimentación adecuada.











